La burocracia es el arte de convertir lo fácil en difícil, por medio de lo inútil. La coloquial descripción de Carlos Castillo Peraza es válida en este momento pre-electoral en que los partidos políticos – se supone - inician la elaboración de sus tradicionales mamotretos, o sea, “planes de gobierno” contenidos en abultados legajos de papeles que nadie lee.

Opinión

Los mamotretos

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 9, julio 2018 • 12:00 am

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La burocracia es el arte de convertir lo fácil en difícil, por medio de lo inútil. La coloquial descripción de Carlos Castillo Peraza es válida en este momento pre-electoral en que los partidos políticos – se supone - inician la elaboración de sus tradicionales mamotretos, o sea, “planes de gobierno” contenidos en abultados legajos de papeles que nadie lee.

Los mamotretos tienen cosas en común: 1º) Los elaboran burócratas con graves falencias comunicacionales. 2º) Expresan en mil términos técnicos lo que cabe en frases racionales que deberían ser entendidas por toda persona que las lea  o escuche.  3º) Son inútiles para los candidatos presidenciales, que están más pendientes del photoshop y de las críticas, que de plantear alternativas de solución a los problemas reales del país.4º) En mítines, entrevistas con medios o en debates, lo que menos desarrollan los candidatos es el qué, cómo, cuándo y el cuánto de sus proyectos. 5º) La mayoría de promesas no las cumplen. 6º) Al difundirse (impresa o electrónicamente) llevan slogan impresionantes e imágenes full color. Antes la derecha y sus gremiales se lucían con esos adornos, hoy lo hace la izquierda neo marxista igualada. 7º) La ausencia de razonamientos sencillos, lógicos y comprensibles, hace que los técnicos contratados por los partidos (o los empíricos que hacen refrito de planes anteriores) no enfoquen lógicamente la realidad, que resumo así.

Un pueblo sin trabajo no tendrá jamás capacidad adquisitiva; por tanto, plantear una “Política Nacional de Empleo” ajustada a nuestra realidad y al entorno es fundamental. Un pueblo enfermo no rinde bien en ningún trabajo; por tanto, exponer una “Política Nacional de Salud” es importantísimo. De nada sirve que un pueblo tenga empleo y buena salud sino está educado ni siente seguridad para su vida y bienes; por tanto, proponer ajustes puntuales a las “Políticas Nacionales de Educación y Seguridad” resulta prioritario. Proponer sanear las finanzas públicas, atraer inversiones o erradicar el clientelismo de nada servirá, si las reglas del juego se cambian conforme los intereses del poder económico dominante lo demanden.

Toda propuesta presidencial fracasará sino se rescata la confianza, credibilidad y respeto ciudadano hacia las instituciones públicas; por tanto, la propuesta de diseño y ejecución de una verdadera “Política Nacional anti Corrupción”, tendiente a lograr que las entidades y organismos del sector público cumplan su mandato constitucional, legal, misional, técnico y ético (y proponer reformas legales puntuales  que posibiliten su mejora) debería ser infaltable en toda propuesta de gobierno.

El ejemplo debe comenzar desde lo peorcito que tenemos. El barrido contra corruptos y corruptores debería iniciar en Casa Presidencial, Secretaría de Transparencia, Corte de Cuentas de la República, Tribunal de Ética Gubernamental, Sección de Probidad de la Corte Suprema de Justicia, Policía Nacional Civil, Asamblea Legislativa y Fiscalía General de la República, o sea, en las instituciones que deberían estar dando el ejemplo en cuanto a austeridad, eficacia y transparencia. Esas entidades deberían ser los actores protagónicos dentro de un “Sistema Nacional de Integridad”, que también debería ser una apuesta sólida de los presidenciables.

Como ya hay un expresidente procesado, otro con orden de captura y varios exfuncionarios en capilla ardiente, la “Política Nacional anti Corrupción” y el consiguiente barrido contra corrupto y corruptor, no debería presentar mayor resistencia en funcionarios de menor rango. No basta enseñarle a los corruptos la escoba, hay que barrerlos con ella.


Los candidatos presidenciales deben acercarse y persuadir a las organizaciones gremiales y sindicales a sumarse a la lucha contra la madre de todas las corrupciones: la corrupción política. Si ambos lo hacen, en hora buena. Si ambos rechazan los acercamientos, el pueblo entenderá que los tentáculos de la corrupción terminaron abrazándolos.

Concluyo. Los presidenciables deben dejar de lado las vanas promesas, los berrinches y las amenazas. Mejor muestren humildad, claridad, sencillez, visión de país y mucha energía contra la corrupción, en lugar de apantallar con los mamotretos venideros.