La dirección de una nación, está sujeta a la buena o mala calidad de los consejeros que tenga un mandatario, pero a ello se le agrega una variante, y es la disposición de oír a los asesores con humildad o rechazar ese consejo y decir unilateralmente tomar decisiones sin importar los procesos y lo que establece la Constitución, es decir en este contexto algunos gobernantes se olvidan  del protesto, y dan ordenes que contrarían el tenor literal de la Carta Magna, en consecuencia pasan por alto  el exacto cumplimiento de los deberes que el cargo les impone, dado que se conducen bajo al totalitarismo y una intención constante de burlar la Constitución.

Opinión

Los malos consejeros

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

jueves 28, mayo 2020 • 12:00 am

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La dirección de una nación, está sujeta a la buena o mala calidad de los consejeros que tenga un mandatario, pero a ello se le agrega una variante, y es la disposición de oír a los asesores con humildad o rechazar ese consejo y decir unilateralmente tomar decisiones sin importar los procesos y lo que establece la Constitución, es decir en este contexto algunos gobernantes se olvidan  del protesto, y dan ordenes que contrarían el tenor literal de la Carta Magna, en consecuencia pasan por alto  el exacto cumplimiento de los deberes que el cargo les impone, dado que se conducen bajo al totalitarismo y una intención constante de burlar la Constitución.

Esto me recuerda aquella historia del asesor político que había servido a su Rey durante 30 años, el cual era reconocido y admirado por su lealtad, rectitud y su temor al Dios de Israel. Sin embargo, por ser íntegro se había ganado varios enemigos, que difundieron falsas historias de perfidia, día y noche le llenaron los oídos al Rey, hasta que comenzó a desconfiar del inocente asesor, condenándole finalmente a muerte al hombre que le había servido rectamente durante años.

En aquel lugar era costumbre que los condenados a muerte fuesen atados de pies y manos y arrojados al corral donde había perros de caza, que de inmediato devoraban a la víctima.

Antes de ser arrojado a los perros, el asesor pidió que le concedieran un último deseo: “que se le dieran diez días de gracia, para devolver los objetos cuya guarda le fue encomendada por el Rey, distribuir los bienes entre los miembros de su familia y designar tutores para sus hijos”. Después de asegurarse de que el asesor no se fugaría, el Rey le concedió su pedido. Inmediatamente el asesor fue a su casa a recogió cien monedas de oro y se dirigió a visitar al cazador que cuidaba los perros del Rey. Le ofreció las cien monedas de oro y le dijo: “Déjame cuidar los perros durante diez días” El cazador accedió y, durante ese tiempo, el asesor cuidó de las bestias con suma atención, limpiándolas y alimentándolas de lo mejor.

Al concluir los diez días, los perros comían de sus manos, luego el asesor fue llamado ante la presencia del Rey; se repitieron los cargos y el gobernante observó cómo ataban de pies y manos al asesor y lo arrojaban a los perros. Pero, en contra de lo que todos esperaban, cuando los perros lo vieron corrieron hacia el asesor meneando la cola y le lamieron afectuosamente los hombros y comenzaron a juguetear a su alrededor.

Los testigos del hecho quedaron perplejos, entonces el Rey preguntó, por qué los perros le habían perdonado la vida, por lo que el asesor respondió: “Estuve cuidando de estos perros durante diez días, y usted ha visto el resultado con sus propios ojos. Sin embargo, a usted lo he cuidado y nunca le robé nada en 30 años, ¿y cuál es el resultado? Me condenó a muerte sobre la base de las acusaciones de mis enemigos” El Rey se sintió avergonzado, así que no solo le perdonó la vida, al asesor, sino que le obsequió lujosas vestimentas nuevas y ordenó que entregaran a los perros a los hombres que lo habían calumniado.


Un gobernante tiene que ser entendido en los tiempos y aceptar con humildad que no lo sabe todo, por lo tanto, necesitará asesores en las diferentes disciplinas y acá esta la disyuntiva cuando se detenta el poder, ya que se tiende a creer que todo se puede hacer, incluyendo pasar por encima de personas y leyes,  entonces surge la duda,  si hacer caso al buen consejo de personas honestas, que contrarían las decisiones del mandatario, al explicar lo que es legal y lo que no es, o simplemente seguir el consejo de los malos asesores que llenan el corazón del gobernante de vanidad y orgullo, y  se vuelven complacientes apoyando todo acto contrario a la ley.

El poder es efímero, dura cinco años, y todo lo que se hace en ese tiempo sin observar la ley, por obstaculizante que le parezca a un gobernante, le repercutirá en persecución judicial.

No olvidemos las acciones ilegitimas de uso de recursos públicos y dictatoriales de los expresidentes Saca y Funes, cuyo final ha sido, aflicción, angustia y serán recordados no como expresidentes sino como personas que corrompieron el sistema para enriquecerse junto a ciertos bandidos que les acompañaron.