Editorial

sábado 23, junio 2018 • 12:00 am

Los llantos de los niños migrantes

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El Gobierno de El Salvador denunciaba esta semana que la administración Trump no está informando a sus funcionarios consulares, sobre el paradero de los niños migrantes separados de sus padres, a los que están deportando y dejando a los menores en territorio norteamericano. La pesadilla de nuestros menores no termina, pese a que el presidente Donald Trump anunció la suspensión de esas separaciones.

El llanto desgarrador de los niños migrantes separados de sus padres es conmovedor, doloroso, cruel. Los menores son retenidos por patrulleros fronterizos en espacios cercados que parecen jaulas, donde los pequeños “lloran y gritan llamando a sus mamás”, según se relata en medios estadounidenses.

Una pediatra que visitó a los niños dijo haber visto 20 o 30 niños de cerca de 10 años, encerrados en uno de estos recintos de valla metálica, llorando, gritando y llamando a sus progenitoras. “Los niños estiraban sus manos a través de la valla metálica, llorando y tratando de alcanzar a sus mamás”, dijo la pediatra Marsha Griffin.

¿Se puede estar pasivo ante esta barbarie, ante esta crueldad? ¿Están conscientes los estadounidenses que estas prácticas abominables solo traerán repudio a nivel mundial y habrán perdido la confianza del mundo civilizado? Es inhumano. No se puede consentir esa barbarie.