Opinión

¿Lo mismo de siempre?

Ricardo Castaneda, economista sénior Icefi, @Recasta

jueves 23, septiembre 2021 • 12:00 am

Compartir

El presupuesto público es el instrumento más importante que tienen los Estados para solucionar los problemas de las personas o, para agravarlos, dependiendo como se utilice. Es ahí donde se define el tipo de sociedad que se va a construir. Si se apostará por más maestros o más soldados, por más medicina o más propaganda. Por ello, aunque es un tema técnico, esto no debe de ser una limitante para que su discusión sea ciudadana. Más importante que el pronóstico del clima, o los resultados de fútbol o las nuevas series es el hecho de saber cómo se manejará el dinero que aporta toda la población a través, principalmente, del pago de sus impuestos.

Solo falta una semana para que se cumpla el plazo constitucional en el que el Órgano Ejecutivo tenga que enviar el proyecto de presupuesto para 2022 a la Asamblea Legislativa. Hasta este momento no se sabe públicamente cuál es el máximo de recursos que se le asignará a cada institución, cuales son las prioridades ni cómo se va a financiar. Esta ha sido y sigue siendo una de las peores prácticas: elaborar el presupuesto público a las espaldas de la población.

No es un favor, es una obligación. Porque el presupuesto no es del presidente de la República, ni del ministro de Hacienda ni de los diputados. El presupuesto le pertenece a toda la población porque se financia con impuestos que ella paga y porque debe estar dirigido al logro de su bienestar. Por eso no es de extrañar que El Salvador salga tan mal evaluado en la Encuesta de Presupuesto Abierto del International Budget Partnership (IBP), donde en el apartado de participación ciudadana tiene una nota de 13 de 100, es decir si lo traemos a la escala de calificaciones del sistema educativo sería 1.3. Aplazados.

Esto ha sido una práctica histórica desde gobiernos anteriores, pero este gobierno, aunque ofreció no ser como los mismos de siempre, en la práctica sigue haciendo lo mismo de siempre con agravantes. Por ejemplo, cada año debe presentarse el Marco Fiscal de Mediano Plazo que es un documento que permite conocer como desde el gobierno se espera avanzar hacia la sostenibilidad y suficiencia de las finanzas y cuales serían las medidas que adoptaría para ello, especialmente en un contexto en el que la situación financiera del Estado es tan crítica. El año pasado ni siquiera ese documento fue publicado.

En estos momentos si alguien quisiera saber cómo se van aumentar los ingresos públicos y se va a avanzar en la justicia fiscal, en la calidad del gasto público, en la sostenibilidad de la deuda, así como en la transparencia, para no seguir usando el presupuesto como piñata de la corrupción, se encontraría con que no hay ninguna información sobre ello.


Ojalá que el presupuesto 2022 sí esté vinculado a una visión de medio plazo, que permita dar luces desde quienes toman decisiones de cómo piensan salir de la crisis, especialmente en un marco donde por decisiones propias del Ejecutivo la situación se ha agravado y las puertas de financiamiento se cierran. ¿Cuáles son las alternativas frente a la no concreción del acuerdo con el FMI, por ejemplo?

También falta por ver si por fin el presupuesto 2022 se ha elaborado con base en resultados. Una deuda histórica que viene acarreando la Administración Pública desde hace más de una década que se ofreció y sigue sin cumplirse. Lastimosamente dudo mucho que este año se honre esa deuda. El contar con presupuestos basados en resultados es fundamental porque la ciudadanía no solo sabrá con cuántos recursos contará cada institución sino los resultados que se compromete a cumplir, lo que además facilita la evaluación, esa que es prácticamente inexistente hasta ahora.

Ahora que el Ejecutivo ha actuado como los mismos de siempre, falta por ver cómo actuará la Asamblea Legislativa. Si algo logró la legislatura pasada fue abrir espacios para el debate técnico permitiendo incluso para entidades no gubernamentales pudieran aportar con sus análisis y recomendaciones. ¿Continuarán y mejorarán con esa buena práctica o actuarán peor que los mismos de siempre?