Opinión

Legión de la Libertad del Estado de San Salvador

Hugo E. Fonseca, Capitán Navío y Abogado

viernes 7, agosto 2020 • 12:00 am

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No sé si habrá una nueva o vieja institución armada. La que conozco nació el 7 de mayo de 1824, incluso antes de la independencia patria, denominándose “Legión de la Libertad del Estado de San Salvador”; y que a lo largo de 13 Constituciones de la República ha ido reconociendo, modernizando y misionando.

La Fuerza Armada que conozco es leal a la Constitución. Ya que es la garante de la soberanía nacional, entre ello el compromiso de la libre autodeterminación que inicia con la Carta Magna, por lo que su defensa conlleva su cumplimiento.

La Fuerza Armada que conozco es una institución constitucional que a lo largo de 196 años se ha actualizado, independientemente de sus miembros de ayer, hoy y mañana. Miembros que conocían el concepto de Honor Militar, tal como lo prescribe el Art. 1 de la Cartilla de la Guardia Nacional lo estableció: “El honor ha de ser la principal divisa de la Guardia Nacional; debe por consiguiente, conservarlo sin mancha. Una vez pedido no se recobre jamás” y que hasta los niños de la benemérita conocían y aplicaban.

Honor Militar que llevo a un Ministro y un Viceministro a renunciar ante una orden ilegal del Comandante General. Honor Militar e integridad que permitió que ningún Secretario de Estado en la Defensa Nacional, fuese interpelado.

La Fuerza Armada que conozco inculcaba Principios y Valores como: la abnegación, la cortesía, la disciplina, el espíritu de cuerpo, la integridad, la puntualidad, la prudencia y el valor, entre otros. Que, unidos al Honor, permitían a la institución ser la reserva moral de la nación.


La institución continua con una estructura, régimen jurídico, composición y funcionamiento, con la Ordenanza del Ejercito establecida en 1932, con el Código de Justicia Militar decretado en 1964, con una Ley Orgánica establecida en 1998 y con una ley de la Carrera Militar creada en 1995, sin derogatorias según el Diario Oficial y con una historia constitucional desde 1821.

La misión de la Fuerza Armada que conozco se ha mantenido en su esencia desde las Constitución de El Salvador de 1824 (Art. 40, núm. 4º), seguida de las constituciones de los años: 1841 (Art. 72), 1864 (Art. 58), 1871 (Art. 77), 1872 (Art. 120), 1880 (Art. 115), 1883 (Art. 120), 1886 (Art. 132), 1939 (Art. 166), 1945 (Art. 142), 1950 (Art. 112), 1962 (Art. 112) 1983 (Art. 212), la cual establece la defensa del territorio y de la soberanía nacional.

Pero tal vez si ha cambiado. Antes se respetaba la constitución y a los órganos fundamentales del Estado, se entregaba el informe de labores en cada curul a los diputados, se apoyaba a la población sin espavientos, se ponía primero la misión y al recurso humano fundamental y se guardaba consideración a las tropas retiradas, más si eran veteranos.

En la Fuerza Armada siempre hubo chelitos, bolsones, buqueros, murmuras, y a aquellos que se le podía aplicar la Orden de Carácter Permanente del 23 de octubre de 1919 (lástima que la dejaron si efecto), como también estudiosos, dedicados, responsables y respetuosos, la combinación de todos en la institución, junto con la misión encomendada, crea el ADN de la institución castrense, así como el arte del liderazgo y la conducción.

Pero la Fuerza Armada que conozco tuvo conductores que, basados en los principios y valores institucionales, más el liderazgo y guía le dieron reconocimientos “Tus laureles inmortales y tus glorias vencedor, no tendrán jamás rivales en las lides del valor y al grito del clarín, en el rudo batallar siempre fuiste a triunfar, ¡oh paladín!
No son quien, para juzgar si hay o no nueva Fuerza Armada. Yo conocí una, de la cual porté orgullosamente el uniforme, sostuve la integridad del territorio, defendí el pabellón nacional como la insignia sagrada de la Republica, serví al Estado, obedecí las ordenes legales de mis superiores, aun a costa de mi vida. Pero será la historia la mejor jueza.