Editorial

sábado 19, mayo 2018 • 12:00 am

Las verdades de Nicaragua en la cara del dictador

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Nicaragua sigue estando en el centro de atención debido a la lucha de ese pueblo por recuperar su democracia, secuestrada por la dictadura familiar de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo.

Esta semana inició una etapa de diálogo en el que un dirigente estudiantil lo definió claramente: “es una mesa para negociar su salida y lo sabe muy bien”, al dirigirse a Ortega. El régimen ha continuado la represión y ha agredido parroquias a lo largo de todo el país. La Iglesia Católica ha salido a las calles a defender a los ciudadanos, pero las turbas paramilitares sandinistas no han respetado a nadie.

Es admirable el levantamiento popular nicaragüense, alejado de banderas o ideologías políticas, es una lucha de todo un pueblo por reestablecer la democracia y la institucionalidad que la familia Ortega-Murillo han convertido en su feudo particular. Es una dictadura indefendible, injustificable, una verdadera vergüenza para Centroamérica que aún exista.

El pueblo nicaragüense, sus líderes estudiantiles, sus asociaciones gremiales, la sociedad civil, la clase política, su valiente Iglesia Católica, deben encontrar un camino pacífico que termine con esta pesadilla que persigue a quienes reclaman libertades fundamentales y el derecho a tener un país democrático.