Las famosas “trabazones” están a la orden del día no solo en el gran San Salvador, sino en las principales ciudades de nuestro país. Desde hace varios años entrar o salir de municipios como San Miguel, Santa Ana, Sonsonate, Usulután, Ahuachapán, generan estrés, malestar general, intolerancia, gasto excesivo de combustible, sobre calentamiento en vehículos, pequeñas colisiones de tránsito, gritos, discusiones, peleas en la vía pública y ya hemos tenido homicidios por intolerancia o disputas en semáforos.

Opinión

Las trabazones de los colegios

Ricardo Sosa / Criminólogo

martes 27, agosto 2019 • 12:00 am

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Las famosas “trabazones” están a la orden del día no solo en el gran San Salvador, sino en las principales ciudades de nuestro país. Desde hace varios años entrar o salir de municipios como San Miguel, Santa Ana, Sonsonate, Usulután, Ahuachapán, generan estrés, malestar general, intolerancia, gasto excesivo de combustible, sobre calentamiento en vehículos, pequeñas colisiones de tránsito, gritos, discusiones, peleas en la vía pública y ya hemos tenido homicidios por intolerancia o disputas en semáforos.

A este panorama anterior debo agregar trabajos en carreteras principales como a la altura del balneario y sector de “Los Chorros”, carretera al Puerto de La Libertad, Sonsonate, a Chalchuapa entre las de actualidad. Ya estos casos son muy difíciles de manejar, y qué decir del camión repartidor de agua y cerveza, gas, productos a las tiendas, o simplemente se detiene con las luces intermitentes en calle principal no importándole que está generando problemas a varias cuadras, como si poner las intermitentes ya le brinda autorización para generar inconvenientes.

Aparte de estas problemáticas se suma la apertura reciente del año escolar de los colegios privados con modalidad bilingüe que generan grandes problemas de tráfico tanto en la mañana como en la tarde; es más evidente al mediodía o tarde ya que papás, mamás, motoristas o encargados llegan hasta con más de una hora previo a la salida para agarrar buen puesto, suben los vidrios, ponen el aire acondicionado del vehículo y comienzan a navegar en sus dispositivos móviles hasta que se llegue la hora de comenzar, otros también no les importa y comienzan a bloquear ingreso a cocheras, locales comerciales, negocios, entre otros y hay de usted siendo propietario o alquila una de esas residencias o locales si les pita, o les pide por favor que se muevan, ignoran su llamado y se hacen los que no escuchan. Largas filas ininterrumpidas se observan.

Las administraciones de la mayoría de los centros educativos no tienen dispositivos de apoyo, de orientación, coordinación sino que su misión es entregar a niños y niñas en la puerta o portones. Se llega al extremo que los agentes de seguridad privada, conserjes, personal de mantenimiento se ponen a dar vía, con  rótulos que dicen ALTO que los venden en ferreterías, con gorgoritos, enchalecados como si esos accesorios los convierte en autoridad de tránsito, pero solo dan vía a los vehículos del colegio, los ciudadanos que pasan deben esperar porque ellos no son los usuarios del colegio. Ante esto los enfadados conductores suenan sus bocinas contaminando el medio ambiente con ruido, pero los que están dando vía hasta se ríen de hombres y mujeres. Algunos llegan a hacer la típica señal que indica “pase volando” pero de repente aparece uno que se la lleva de vivo, y no hace la cola para el colegio y hace el famoso tercer carril, complicando más la zona.

De esta situación no se salvan los colegios cristianos católicos y evangélicos, quienes también no brindan un adecuado testimonio que se predica adentro del colegio pero que no se preocupan las administraciones de los centros educativos porque los padres de familia respeten y actúen con cortesía.

Ya hay suficiente problema en el tráfico a diario, para que los colegios no sean empáticos con los ciudadanos teniendo los recursos para preparar y coordinar dispositivos, así como solicitar y establecer una normativa con los padres de familia. Necesitamos orden y respeto.