El Impacto del contemporáneo instrumento de comunicación social, conocido como “Redes Sociales” es cada día más evidente no solo en el campo de las relaciones personales, (miles de jóvenes consagrando horas diarias prendidos de su celular “chateando”) sino también como un instrumento indispensable para la comunicación política masiva como las dos últimas campañas electorales lo han evidenciado. En la historia de la comunicación humana, podemos definir cinco cambios estructurales en su desarrollo, basándose en el instrumento que se presenta: la escritura, la imprenta, el teléfono, la radiodifusión, la televisión y hoy, las redes sociales.

Opinión

Las redes sociales como instrumento electoral Las elecciones de ejercicio de la soberanía popular, tienden a convertirse en mercancía…

Rubén I. Zamora / Abogado, político y diplomático

jueves 18, marzo 2021 • 12:00 am

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El Impacto del contemporáneo instrumento de comunicación social, conocido como “Redes Sociales” es cada día más evidente no solo en el campo de las relaciones personales, (miles de jóvenes consagrando horas diarias prendidos de su celular “chateando”) sino también como un instrumento indispensable para la comunicación política masiva como las dos últimas campañas electorales lo han evidenciado. En la historia de la comunicación humana, podemos definir cinco cambios estructurales en su desarrollo, basándose en el instrumento que se presenta: la escritura, la imprenta, el teléfono, la radiodifusión, la televisión y hoy, las redes sociales.

Estos cambios estructurales en la comunicación humana tienen profundas consecuencias no  solo en la producción y el comercio, sino también en las concepciones  y relaciones sociales; y a lo anterior hay que añadir el impacto de su temporalidad, pues, los últimos cuatro se han producido en un espacio temporal muy corto, de menos de siglo y medio, planteando difíciles reajustes en la sociedad y si le  añadimos que simultáneamente la economía, la cultura y la política desarrollan sus propias dinámicas de cambios, no debe extrañarnos que el resultado sea unas sociedades con disparidades y contradicciones, lo que algunos sociólogos identifican como la “modernidad líquida”, en la que, principalmente las instituciones, demuestran dificultades para asumir los cambios de su estructura comunicacional.

La genealogía de las redes sociales tiene un doble origen, por un lado, se remonta a la década de los cuarenta del siglo pasado cuando, paralelamente, EE.UU. y Alemania produjeron las primeras computadoras, impulsados por las necesidades de la guerra; por otra parte, su padre ellas es el Internet, que en 1969 empezó a funcionar y se universalizo en 1990, con la Red Informática Mundial, WWW (en inglés). en las siguientes tres décadas han tenido un extraordinario desarrollo tecnológico con una velocidad muy superior a los anteriores descubrimientos en la comunicación humana.

Nuestras Redes Sociales nacen con este siglo, primero aparecieron sitios web para comunicación entre amigos, un año después, el sitio MySpace, dirigido a captación de membrecía más amplia; luego, son las grandes empresas, quienes asumen el espacio de las redes sociales se fundan: LinkedIn (2002), Google (2004), Twitter (2006), WhatsApp (2009) e Instagram (2010) transformando de simples relaciones sociales en imperios multimillonarios. El objetivo de generar comunicación entre seres humanos, que era el de los jóvenes que crearon el instrumento ha sido pervertido convirtiéndolo  en un instrumento de publicidad.

Creemos que los millones  de personas que hacemos uso de la Red creyendo que es gratis cuando no lo. Para Facebook, esa generosidad tiene contraparte y es la recolección de información sobre millones de personas, que con su aparato sofisticado constituyen las bases de sus ganancias, este conocimiento le permite a la dueña de la Red ofrecer unas publicidad que ningún otro vehículo de propaganda, sea la prensa, la radio o la televisión, pueden ofrecerles a empresas y políticos, para elevar sus venta o captar más votos, con una propaganda moldeada a los específicos deseos e intereses de los múltiples grupos que conforman el mercado o el electorado.

La información personal que damos al entrar a las redes, es catalogada y mediante algoritmos, segmentada en grupos de tal manera que nuestros sentimientos y preferencias, nuestras inclinaciones éticas, políticas y culturales, se utilizan para definir los perfiles positivos que resulten con aceptación del producto o del candidato y a pesar de creer que nos estamos expresando, realmente somos manipulados inconscientemente por la red social.


Este tipo de redes sociales van mucho más allá, basándose en su capacidad casi ilimitada  de anegar a los sujetos con una propaganda corta, emotiva y repetitiva de sus contenidos; Aquí tiene entrada el famoso botón de “me gusta” o de disgusto sobre lo leído, ambas respuestas son procesadas automáticamente por las computadoras y relacionadas con la información que ya se tiene sobre el sujeto, abriendo una pista invaluable para calibrar el nivel de adherencia al producto o de modificación a la propaganda. El Político o el empresario, así evitan usar costosos instrumentos para medir aceptación o rechazo en la población, y logran datos más confiables que los de una encuesta y que recibirán podrá recibirlos a diario, que le permita rápidamente llevar su estrategia electoral; todo esto no lo puede ofrecer la propaganda por medios tradicionales.

Pero no terminan allí las cosas, el papel del “me gusta” no solo es expresión de participación del sujeto, sino es contestado por  la red, ofreciéndole un conjunto de posibles ideas y noticias que respondan a su preferencia de tal manera que el sujeto  se introduzca a un universo informativo cuyo objetivo es reforzarle sus emociones y asegurarle que está en lo cierto para que termine formándose una idea de que su pensamiento es el sentido común, pero, perdiendo su capacidad crítica y negándose a considerar otra alternativa.

Finalmente, la red social abarca del consentimiento a la acción con mecanismos para que el sujeto difunda la posición adoptada entre nuevas personas; la red se vuelve apostólica de una mercancía o de una posición política, y esto favorece no solo  al empresario o al político sino a quien  es dueño y administra la red social, pues le enriquece su caudal de personas fichadas. Este es el negocio del Sr. Mark Zuckerberg, una de las cinco más ricas personas del mundo, según Forbes. El Resultado de todo esto es: Las elecciones de ejercicio de la soberanía popular, tienden a convertirse en mercancía; la política con base ética, es sustituida por un algoritmo sin moral.