No todos los empleados de la Asamblea Legislativa son plazas fantasmas. Me atrevo a pensar que una gran mayoría son plazas legales ocupadas por empleados que con su trabajo idóneo y efectivo se ganan su salario de manera correcta. Sin embargo. hay que reconocer que desde hace muchos años, posiblemente desde hace muchas décadas, en el primer órgano del Estado se habla de plazas ocupadas por personas no idóneas o “fantasmas”, en el sentido que realmente no trabajan ahí, pues son activistas de los diferentes partidos políticos con fracciones legislativas. Algunos diputados, no todos por supuesto, han camuflado las plazas y por ejemplo, ponen de asesores a amigos partidarios o les dan plazas a activistas de agentes de Protección a Personalidades Importantes (PPI) cuando en realidad son sus empleados (a) domésticos o activistas de su partido en el interior del país.

Opinión

Las plazas fantasmas No deberían imaginar que tener el control casi total (por ahora) del aparato estatal es miel sobre hojuelas...

Jaime Ulises Marinero / Periodista @ulisesmarinero

martes 23, marzo 2021 • 12:00 am

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No todos los empleados de la Asamblea Legislativa son plazas fantasmas. Me atrevo a pensar que una gran mayoría son plazas legales ocupadas por empleados que con su trabajo idóneo y efectivo se ganan su salario de manera correcta. Sin embargo. hay que reconocer que desde hace muchos años, posiblemente desde hace muchas décadas, en el primer órgano del Estado se habla de plazas ocupadas por personas no idóneas o “fantasmas”, en el sentido que realmente no trabajan ahí, pues son activistas de los diferentes partidos políticos con fracciones legislativas. Algunos diputados, no todos por supuesto, han camuflado las plazas y por ejemplo, ponen de asesores a amigos partidarios o les dan plazas a activistas de agentes de Protección a Personalidades Importantes (PPI) cuando en realidad son sus empleados (a) domésticos o activistas de su partido en el interior del país.

Recuerdo que hace unos 20 años, cuando me desempeñaba como jefe de los corresponsales de un periódico matutino, hicimos un reportaje sobre la función de las oficinas regionales de la Asamblea en algunos departamentos. Fuimos y no hallamos empleados o al menos encontramos a lo sumo dos o tres, aunque cada oficina tenía más de 15 empleados asignados. La mayoría, pasando por el gerente o jefe de cada regional, eran activistas partidarios. Algunos eran excandidatos a alcalde, diputados o concejales que habían perdido las elecciones y que como “premio de consuelo” les habían dado esas “plazas fantasmas”. Casualmente todos los gerentes pertenecían al partido del presidente de turno de la Asamblea.

Algunos hablan de cientos plazas fantasmas (incluso más de mil) en la Asamblea, especialmente las asignadas a las fracciones legislativas. Otros hablan de la estrategia fraudulenta de poner como empleados institucionales a algunas personas que literalmente son activistas políticos y que solo llegan a cobrar su salario.

Hay fracciones legislativas con 25 o más empleados asignados por diputado. ¿Es que acaso los empleados institucionales no trabajan para la Asamblea, incluyendo para los diputados de todas las fracciones? Desde mi punto de vista no es necesario que se le asigne a cada fracción fondos para la contratación de adeptos a su partido. Qué bien que la Fiscalía, aunque debió hacerlo desde hace años, ya ha tomado cartas en el asunto. Pero se hará necesario no solo sanear la Asamblea, sino proceder contra los responsables. Nadie trabaja en una institución sin una orden o autorización de alguien, En ese sentido hay que llegar al fondo y siguiendo el debido proceso presentar cargos judiciales contra quienes resulten sospechosos de la corrupción, sea quien sea.

Las plazas fantasmas y el nepotismo son un cáncer enquistado en la institucionalidad del Estado. Tal como dice la iglesia católica salvadoreña, demasiado mal le hace al país. Por lo tanto este flagelo que agota al Estado hay que enfrentarlo y no solo buscar plazas fantasmas en el parlamento, sino en todas las instituciones. El país necesita un saneamiento burocrático de todas sus instituciones. Todos tenemos derecho constitucional a trabajar dignamente y ganar un salario, pero hay que hacerlo correctamente. Dos hermanos o parientes pueden trabajar en una misma institución porque tienen derecho, pero deben hacerlo porque cada uno se ganó sus propios méritos, no por el simple hecho de ser parientes de un funcionario con poder de decisión. Evitar que dos parientes trabajen en una misma institución sería inconstitucional si cada uno de ellos ha seguido un debido proceso de selección y reúne las condiciones de capacidad e idoneidad para ocupar el cargo.

Hay que erradicar el nepotismo y las plazas fantasmas en cualquier institución del Estado. Sé de empleados que llegan a oficinas a marcar o firmar y luego se retiran a otras labores, como por ejemplo trabajar en vehículos de alquiler o realizar actividades partidarias. Empleados que llegan tardísimo y se retiran tempranísimo. Todo esto con aval de sus jefes inmediatos o con el apoyo de jefes superiores. La Corte de Cuentas, tan cuestionada, debe auditar al Estado y garantizar que cadaempleados cumplimos con nuestra función y somos idóneos para el cargo.


Hay funcionarios de alto nivel que ni siquiera ellos son  idóneos al cargo, pero que son colocados con criterios políticos o siguiendo la línea del nepotismo. Todos tenemos derecho a trabajar, pero hay que hacerlo de manera correcta. A los empleados de la Asamblea no se les puede tildar a todos de plazas fantasmas ni ensañarse con ellos, pero las plazas irregulares deben suprimirse y proceder contra los responsables, independientemente de quienes resulten involucrados. Esto debe ser así en todo el Estado.