El jueves 14, un tipo feo, antipático, burdo imitador de un Rambo de cuarta edad, luciendo una ridícula vincha en la frente encabezó una turba que, a pedrada limpia, quebró las puertas del que algunos llaman equivocadamente “primer órgano del Estado”. La carne de cañón enardecida, protestaba por lo que consideran un inminente proceso de privatización  del agua. Curiosamente, cuando el FMLN y GANA tuvieron, en su momento, los votos necesarios para aprobar una Ley General de Aguas, nunca hicieron nada.

Opinión

Las pedradas, el mundial y la desconfianza

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 25, junio 2018 • 12:00 am

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El jueves 14, un tipo feo, antipático, burdo imitador de un Rambo de cuarta edad, luciendo una ridícula vincha en la frente encabezó una turba que, a pedrada limpia, quebró las puertas del que algunos llaman equivocadamente “primer órgano del Estado”. La carne de cañón enardecida, protestaba por lo que consideran un inminente proceso de privatización  del agua. Curiosamente, cuando el FMLN y GANA tuvieron, en su momento, los votos necesarios para aprobar una Ley General de Aguas, nunca hicieron nada.

La cosa es que el imitador de Rambo, resultó ser el rector de la única universidad estatal que tiene el país. El mismo “diablo”, exdiputado de señas conocidas, le abrió las puertas de la Asamblea Legislativa, ocasión que fue aprovechada por la turba para intentar penetrar en las instalaciones legislativas con “espíritu revolucionario”, que dicen tener unos muchachos claramente manipulados, que jamás sintieron el olor a pólvora y a sangre de la pasada y cruenta guerra.

Uno esperaría que de una protesta encabezada por alguien educado, o sea, un rector universitario, surjan expresiones sesudas, con sustento técnico, racional y convincente, sobre las razones que motivan la inconformidad. Pero el tipo de la vincha se limitó a  sacar una frase justificativa para la agresión a los bienes estatales: “La culebra muerde a quien la provoca”. Su comparsa y vicerrector, salió con un argumento peor: insinuar que  la marcha (convocada por la Universidad de El Salvador) fue infiltrada por miembros del partido ARENA, ya que sus bien portados estudiantes no llevaban piedras ni mostraban ninguna actitud violenta.

Pero los medios de comunicación y las cámaras de video vigilancia muestran, de mejor manera, un salvajismo puro. Allá si las autoridades judiciales y policiales no hacen su trabajo para deducir responsabilidades sobre ese atropello, pero también, sobre la reacción que tuvo la seguridad de las instalaciones legislativas, que se supone tienen un protocolo de seguridad para estos casos. Si hubo abusos, pues que se castigue a los responsables de ambos lados.

A la par de ese irracional acontecimiento se dio otro, no menos penoso, que el propio candidato presidencial del partido ARENA describe en un texto que cito textualmente: “Comparto la indignación de los salvadoreños, de que en tiempos difíciles un diputado se tome vacaciones para ir al mundial”. El Presidente del COENA se refería de esa forma a su ilustrísimo, serenísimo y próspero jefe de fracción, que dejó en el aire a la comisión legislativa a la que pertenece.

El referido legislador, cuestionado por la Sección de Probidad de la Corte Suprema de Justicia, se defiende solito: “Los gastos realizados en Europa corren por cuenta propia… los días que he permanecido fuera del país serán descontados de mi salario, a fin de transparentar el manejo de la cosa pública, que guía a este servidor y al partido que represento”. ¡Mejor se hubiera quedado callado el hombre!


¿Por qué?, porque por eso y por muchas razones más, es que algunos señalan sabiamente “El principal reto de ARENA es parecerse menos a sí misma”, como lo dice la “Revista Factum”. Más claro, ni el agua, que hoy en día es tema de protesta.

Ambos hechos deben ser investigados y sancionados. El primero por constituir actos claramente vandálicos, paradójicamente encabezados por el rector de la UES, donde se supone que se imparte  educación y algo, aunque sea un poquito, de cultura. El segundo, porque desde la mínima  dimensión de la ética, su actitud fue inoportuna, impolítica, ilógica e injustificable, al soslayar sus obligaciones como representante del pueblo salvadoreño, donde cientos de miles se fajan de sol a sol para llevar el sustento diario a sus familias.

Todo lo descrito aumenta la desconfianza en la clase dirigente del país, que si bien dejó de ser económicamente pobre (por aquello de los nuevos ricos) descendió  a paupérrima (en lo ético-conductual). Las  pedradas, el mundial y la desconfianza se juntaron.