La respuesta original en muchos países  a la pandemia del  COVID-19  fue preservar el servicio de salud para poder tratar a pacientes gravemente enfermos por esta patología; esto ocasionó una reducción significativa  en otros servicios como consultas ambulatorias, cirugías programadas;   detección y tratamiento del cáncer; es así que los servicios de salud sexual y reproductiva fueron excluidos de las prioridades de muchos de  los gobiernos de América Latina; si como agravante sumamos que en algunos países que el personal médico que atienden a mujeres se redujo hasta un 40 % por ser considerados grupos de riesgo. Según la OMS, esta disrupción fue, sea parcial o severa, de hasta un 68 % para contracepción y un  56 % en controles prenatales de un total de 102 países consultados.

Opinión

Las muertes en pandemia de las que nadie quiere hablar

Dr. Guillermo Antonio Ortiz / Médico Ginecólogo-Obstetra Maestría en Gestión Hospitalaria.

lunes 9, agosto 2021 • 12:00 am

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La respuesta original en muchos países  a la pandemia del  COVID-19  fue preservar el servicio de salud para poder tratar a pacientes gravemente enfermos por esta patología; esto ocasionó una reducción significativa  en otros servicios como consultas ambulatorias, cirugías programadas;   detección y tratamiento del cáncer; es así que los servicios de salud sexual y reproductiva fueron excluidos de las prioridades de muchos de  los gobiernos de América Latina; si como agravante sumamos que en algunos países que el personal médico que atienden a mujeres se redujo hasta un 40 % por ser considerados grupos de riesgo. Según la OMS, esta disrupción fue, sea parcial o severa, de hasta un 68 % para contracepción y un  56 % en controles prenatales de un total de 102 países consultados.

El confinamiento obligatorio de algunos gobiernos puso a las mujeres y niñas en una situación de mayor vulnerabilidad; muchas veces fue con sus agresores, sin tener opción de refugiarse en otro sitio, incluso de salir a pedir ayuda.

Como consecuencia, en parte y aunque aún no hay datos certeros, Naciones Unidas estima que hasta 15 millones de embarazos no planificados pudieron haber ocurrido en el mundo durante 2020, lo que  trajo con seguridad un aumento de abortos inseguros; al menos en la ciudad de Mexico esta falta de acceso en salud representó una reducción del 25  % de demanda de abortos legales en 2020; así  mismo  en Ecuador, Perú, Chile y Uruguay registraron un descenso de hasta 86 % en la cantidad de interrupciones legales de embarazo realizadas según datos de la investigación  titulada  “Aumenta  la mortalidad materna: el impacto silencioso de la COVID-19 en América Latina”, publicada en el  sitio web “saludreproductivavital.info”, para lo cual utilizaron fuentes oficiales de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Uruguay y El Salvador; esta reducción  no significa  que no sucedieran sino que muy probablemente sucedieron de una  forma insegura, incrementando la morbilidad y mortalidad.

Aunque no me gusta medir la salud en “Muertómetro”  sino más bien medir poblaciones sanas; en esta ocasión, es obligatorio resaltar  que esta  discontinuidad  de servicios ha desencadenado un aumento silencioso, pero alarmante de muertes maternas en la región. Ecuador presentó un aumento del 33.64 % de los casos de mortalidad materna directamente causada por el embarazo y un 55  % de mortalidad indirecta, y que  en el Perú se dio un aumento del  45.4  % ; y que el 25  % de estas muertes  fueron partos en casa, datos que son respaldados por el estudio citado.

En México, según la Secretaría de Salud, durante el 2019 se verificaron 690 muertes maternas y en el 2020 fueron 934 casos (un aumento del 26 %) y la primera causa de muerte fue COVID-19 con 248 casos entre sospechosos y confirmados. En El Salvador,  según datos el MINSAL, se reportaron en el 2020, 46 casos de muertes maternas, lo que representa un 41 % más que en el 2019, cuando se presentaron 27; a pesar que  10 de estas muertes fueron reportadas como COVID-19, aun excluyéndolas, habría un aumento de un 25 % y  esto sin tomar en cuenta los suicidios durante el embarazo  de lo que hablaré en otra entrega.

Según los datos de OMS, la mortalidad materna se había reducido considerablemente en casi todos los países de Latinoamérica desde el 2000. Por ejemplo, un 38 % en El Salvador, 39 % en Perú, 40 % México y 52 % en Ecuador hasta el 2017; los recientes datos  de mortalidad  materna al 2020 son muestra de cómo una crisis  en  salud, como lo es una  pandemia, causan importantes retrocesos en términos de  salud pública, en este caso es  de por lo menos 15 años.


Si bien es cierto que algunos países han sido medianamente efectivos en el manejo de la crisis del COVID-19, no debemos olvidar que hay otros elementos esenciales de salud que no se pueden descuidar. Así un  famoso genio de la administración, Peter Drucker, dijo una vez que “la efectividad es hacer las cosas correctas y la eficiencia es hacer las cosas bien“; esto último se refiere a hacer las cosas buscando la mejor relación posible entre los recursos empleados y los resultados obtenidos. En Salud, no se puede depender que  las  buenas o nuevas ideas  sean solo  “efectivas”, sino que en general que al ejecutarlas sean “eficientes” en sus resultados.