La pandemia ni la crisis económica ha terminado. Sin embargo, la vacuna contra el COVID-19, además de ayudar a controlar la pandemia puede ayudar a recuperar la economía. A pesar de que hay buenas expectativas por la vacunación contra el COVID-19 a nivel mundial, en muchos países, especialmente los más pobres, este proceso está siendo demasiado lento. Lastimosamente, hasta en la vacunación se muestra las grandes desigualdades que gobiernan el mundo. El proceso de vacunación es una variable fundamental para la recuperación económica, pues en la medida que la toda la población esté protegida, además de garantizarse su vida, se asegura que no serán necesarias restricciones a las actividades económicas, lo que mejora las expectativas de crecimiento. Estados Unidos es un claro ejemplo de ello, la recuperación económica está siendo muy rápida y una razón es por la velocidad del proceso de vacunación, además del enorme paquete de estímulo fiscal, particularmente las transferencias monetarias a las personas.

Opinión

La universalidad

Ricardo Castaneda A. / Economista sénior, Icefi @Recasta

jueves 22, abril 2021 • 12:00 am

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La pandemia ni la crisis económica ha terminado. Sin embargo, la vacuna contra el COVID-19, además de ayudar a controlar la pandemia puede ayudar a recuperar la economía. A pesar de que hay buenas expectativas por la vacunación contra el COVID-19 a nivel mundial, en muchos países, especialmente los más pobres, este proceso está siendo demasiado lento. Lastimosamente, hasta en la vacunación se muestra las grandes desigualdades que gobiernan el mundo. El proceso de vacunación es una variable fundamental para la recuperación económica, pues en la medida que la toda la población esté protegida, además de garantizarse su vida, se asegura que no serán necesarias restricciones a las actividades económicas, lo que mejora las expectativas de crecimiento. Estados Unidos es un claro ejemplo de ello, la recuperación económica está siendo muy rápida y una razón es por la velocidad del proceso de vacunación, además del enorme paquete de estímulo fiscal, particularmente las transferencias monetarias a las personas.

Centroamérica está viviendo de manera diferenciada este proceso. Por ejemplo, mientras El Salvador, Panamá y Costa Rica lideran la cantidad de personas vacunadas y disponibilidad de vacunas; en Guatemala, Honduras y Nicaragua todavía el acceso es extremadamente lento y con pocas certezas de cuando lograrán mejorar esta situación. Sin embargo, en ningún país se tiene claridad de cuando se alcanzará la universalidad en la vacunación.

El Salvador, particularmente, por el ritmo de vacunación que está teniendo se puede poner en una posición privilegiada en la región, lo cual de aprovecharse de manera estratégica puede empujar a una recuperación más rápida de la economía, medida por el producto interno bruto (PIB).

Ahora bien, en varios países, donde el proceso de vacunación va más avanzado han visto rebrotes de casos, lo que ha obligado a adoptar medidas de restricciones, pues ningún país ha alcanzado la universalidad. Entre las razones que explicarían esta situación es la falsa percepción de seguridad que ha provocado que las medidas de bioseguridad, como el uso de mascarillas, se hayan relajado. Esto debe ser muy importante a tomar en cuenta pues aparejado a la vacuna, debe continuarse con un trabajo de educación continúa para que la población, además de ponerse la vacuna cuando le corresponda, continúe con todas las medidas de bioseguridad.

En cualquier caso, el avance de la vacunación ayudará al PIB, pero un aumento de este indicador no necesariamente es buena noticia para todas las personas, pues una de las enormes deficiencias que tiene el PIB es que esconde las desigualdades. Supongamos, por ejemplo, que una persona tiene un ingreso de un millón de dólares y otra persona no tiene ingreso, en términos del PIB se mostrará que las dos personas han sumado un millón, pero en realidad esconde esa desigualdad donde una persona tiene todo y otra no tiene nada. Es por ello que hay cada vez más consenso de la importancia de las medidas de política pública que permitan reducir las desigualdades, incluso como un mecanismo que permita garantizar el propio crecimiento económico, así como no limitarse al indicador del PIB para evaluar a una economía.

En el caso de El Salvador, por ejemplo, las mayores desigualdades las viven las mujeres y la niñez que habitan en las áreas rurales del país. Y para reducir las desigualdades no hay mejor vacuna que los bienes y servicios públicos. Por ello es fundamental que, así como la vacuna sea universal, también lo sean la educación y la salud. En el discurso gubernamental, al menos, hay una intención de reivindicar estos servicios públicos; sin embargo, todavía falta aumentar los recursos destinados a estas áreas, así como mejor sustancialmente los niveles de eficiencia, efectivad y sobro todo de transparencia. Pero también es indispensable un sistema de protección social universal, que incluya los cuidados, porque en una economía en la que la mayor parte de la población trabaja en la informalidad esto se vuelve trascendental.


Todo esto quisiera colocarlo en el momento que El Salvador está negociando un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, del cual se sabe nada de manera pública. Por lo que es fundamental saber: ¿Cuál es la propuesta del gobierno para lograr una estabilidad y suficiencia de las finanzas públicas a la vez que se asegura la universalidad de los bienes y servicios públicos?