¿Es posible sentarse a dialogar con personas que piensan diferente a uno? En cualquier democracia esto sería solo una pregunta retórica. Sentarte con otros no implica renunciar a tus principios, simplemente muestra la madurez de escuchar a los otros para incluso conocer las razones del porqué piensa diferente a vos. Implica que a pesar de que hay puntos en los que quizá son irreconciliables, hay otros tanto en lo que es posible lograr acuerdos. ¿Acaso con la familia, con la pareja o con las amistades todos tienen el mismo punto de vista sobre todos los temas?

Opinión

La unidad en la diversidad

Ricardo Castaneda A. / Economista sénior, Icefi @Recasta

jueves 21, octubre 2021 • 12:00 am

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¿Es posible sentarse a dialogar con personas que piensan diferente a uno? En cualquier democracia esto sería solo una pregunta retórica. Sentarte con otros no implica renunciar a tus principios, simplemente muestra la madurez de escuchar a los otros para incluso conocer las razones del porqué piensa diferente a vos. Implica que a pesar de que hay puntos en los que quizá son irreconciliables, hay otros tanto en lo que es posible lograr acuerdos. ¿Acaso con la familia, con la pareja o con las amistades todos tienen el mismo punto de vista sobre todos los temas?

Esto lo traigo a colación porque en las manifestaciones de septiembre y de octubre han pasado cosas extraordinarias. Primero, ¿quién se hubiera imaginado en 2019 o en 2020, o quizá incluso ahí por abril de 2021 que la ciudadanía salvadoreña saldría a manifestar de forma masiva? Pero además que lo hiciera junto a personas con ideologías diametralmente opuestas. Mostrando que en las calles públicas hay suficiente espacio para que todas puedan caminar. Todavía no se han sentado en la misma mesa, pero ya caminar por los mismos lugares grupos tan diversos es cuando menos un punto para reflexionar.

Cualquier gobernante con talante democrático, lejos de ridiculizar o minimizar este tipo de sucesos prestaría mucha atención del porqué se dan y se aseguraría de que existan los canales institucionales para que estas personas puedan trasladar sus demandas. Lastimosamente en El Salvador pareciera que esto no es el caso.

El domingo nuevamente salieron miles de salvadoreños y salvadoreñas a ejercer su derecho a manifestar. El Estado lejos de garantizar ese derecho utilizó a las fuerzas punitivas para limitarlo, especialmente a las personas con menos recursos y que se trasladaban en buses. Pareciera que en este país hasta para manifestar hay que tener privilegios. El presidente tildó de fracaso este evento. Desconozco los parámetros que él utiliza para determinar cuando una marcha es fracaso o no; pero quizá el único fracaso sea el de no saber ocultar sus cualidades antidemocráticas.

Lo que para el oficialismo es la mayor debilidad de este tipo de sucesos, en realidad puede ser la mayor fortaleza: la diversidad. El enorme desafío es luego de las marchas o más allá de las marchas ¿qué? En un Estado capturado donde unas cuantas personas toman las decisiones por encima del bienestar de la gente, ¿cómo pueden los diversos sectores hacerse escuchar, pero además que se pongan en marcha sus demandas?

Esto pasa necesariamente por la construcción de una especie de mesa de unidad nacional cuya voz sea tan fuerte que quienes tomen sus decisiones la escuche, pero también la ciudadanía la respalde. Pongo el ejemplo del presupuesto para 2022. Hay sectores que piden más recursos para los jóvenes, hay otros que, para las mujeres, hay otros que, para medio ambiente, hay otros que, para las personas adultas mayores, hay otros que para educación mientras que otros para salud. Hay algunos que están más preocupados por la deuda y otros por la transparencia. Si cada uno de estos sectores quiere lograr que sus demandas se cumplan luchando solos, simplemente no lo logrará. Pero si todos los sectores se unen, dialogan y acuerdan una agenda en común para incidir de manera conjunta pueden lograr mejores resultados, no solo en el presupuesto en si mismo sino en el empoderamiento e involucramiento de más personas.


Si desde quienes controlan el Estado lo que se tienen son acciones antidemocráticas y no están a la altura de los tiempos, la ciudadanía debe responder con más democracia. Ya se empezó a caminar, ahora hay que dialogar y acordar una agenda en común que sea tan fuerte que hasta los más antidemocráticos se vean obligados a aceptarla. La pobreza, el desempleo, la desigualdad, la violencia, la corrupción, la injusticia siguen estando ahí y en una clase política que está más preocupada por el video o la foto que por el bienestar de las personas, solo la unidad en la diversidad puede obligarles a asumir sus responsabilidades. Esa unidad en la diversidad es la que puede ser el catalizador para vivir en una sociedad donde no sobra nadie.