Editorial

martes 26, enero 2021 • 12:00 am

La pesada historia del puerto de La Unión El puerto de La Unión es un recordatorio de la improvisación, de la falta de planificación y de la incapacidad.

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El puerto de La Unión Centroamericana se inauguró hasta tres veces por tres mandatarios diferentes. Los tres gobernantes realizaron flamantes actos de inauguración en los que presumían  de la obra financiada por un préstamo japonés que hace más de una década que estamos pagando.

Desgraciadamente, el puerto sigue ahí convertido en un gigantesco estacionamiento vacío, con unas grúas que seguramente se oxidarán con el tiempo y sin barcos que recibir. El rimbombante proyecto de una zona de desarrollo que traerá consigo el puerto, tampoco se concretó. Se hicieron castillos en el aire, una improvisación vergonzosa, intentos de concesión que no despertaron el interés de nadie y una falta de planificación e incapacidad que deberían ser motivo de vergüenza nacional.

El último intento de concesión por supuesto que fracasó y el interés del gobierno anterior parecía más en entregar esa parte del territorio a los chinos -famosos por endeudar a países pobres como el nuestro a cambio de bases estratégicas por el mundo- que en realidad hacerlo operar.

Ahora resulta que los nuevos estudios arrojan que tiene más oportunidad en los negocios de pesca, turismo y un astillero para sus zonas extraportuarias.  Ya hay otro proyecto de concesión en marcha y ojalá que esta vez se concrete, sea una realidad y se acabe con ese abandono impresionante.

El puerto de La Unión es también una gran lección para no estar inventando obras de infraestructura sin hacer los estudios adecuados, porque todos esos experimentos e improvisaciones cuestan demasiado dinero que generaciones de contribuyentes salvadoreños deben pagar.