En cierta ocasión tres jóvenes decidieron realizar una aventura por las montañas,  pero no se asesoraron de un guía para que los orientara en el camino, de modo que se extraviaron y las provisiones se les agotaron. Estaban a punto de morir de hambre cuando encontraron una fruta en un árbol,  el problema era que solo una fruta y no era suficiente para alimentar a los tres. Entonces decidieron orar a Dios para que les ayudara ante la disyuntiva. Dios al oír aquella súplica, quiso probar la sabiduría de ellos, les preguntó qué querían que hiciera para solucionar el problema.

Opinión

La humildad te conduce a la nobleza

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios @Jaime_RO74

miércoles 17, noviembre 2021 • 12:00 am

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En cierta ocasión tres jóvenes decidieron realizar una aventura por las montañas,  pero no se asesoraron de un guía para que los orientara en el camino, de modo que se extraviaron y las provisiones se les agotaron. Estaban a punto de morir de hambre cuando encontraron una fruta en un árbol,  el problema era que solo una fruta y no era suficiente para alimentar a los tres. Entonces decidieron orar a Dios para que les ayudara ante la disyuntiva. Dios al oír aquella súplica, quiso probar la sabiduría de ellos, les preguntó qué querían que hiciera para solucionar el problema.

El primero de ellos respondió: “Haz que aparezca más comida en el bosque  hasta que seamos rescatados” Dios le contestó que esa era una respuesta sin sabiduría, pues no debía esperar que la solución a los problemas apareciera mágicamente. Entonces el segundo dijo: “Haz que esta fruta crezca para que sea suficiente para todos” Dios le dijo, no es sabio pedir que las cosas se multipliquen de la nada, pues el hombre no se conforma y siempre quiere más, sin hacer ningún esfuerzo, lo cual lo vuelve cómodo sin asumir la responsabilidad de sus actos.

Por el contrario el tercer joven dijo: “Mi Señor Jesucristo, quita nuestro orgullo y haznos pequeños tanto en apariencia como en humildad,  para que esta fruta alcance para todos” Entonces el Señor respondió: “Has pedido bien, pues cuando el hombre se humilla y se empequeñece delante de mi, verá la prosperidad.

Segunda de Crónicas 7:14 dice así  “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”

Los seres humanos nos volvemos arrogantes e insensibles y tendemos a pensar que Dios esta únicamente a nuestro servicio, y que su obligación es solucionar todos los problemas en los que nos metemos por falta de sabiduría o por irresponsabilidad, sin que se tenga una consecuencia, lo cual es ilusorio ya que Dios disciplina a los que ama, como corrige un padre a su hijo querido (Proverbios 3:12). Pero cuando nos acercamos a Dios con humildad de corazón, él se complace en hacernos grandes y fuertes para vencer las dificultades y proveer una solución ante los problemas, porque un corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.

De manera que si una persona, familia o nación pone su confianza en Dios, y toma las decisiones en base a su consejo, no cabe duda que la mano del Señor se moverá a favor de esa familia o nación, sin embargo el nombre Dios se ha utilizado únicamente como un amuleto, que se invoca en el problema, pero una vez se sale de ello nos olvidamos de Dios y volvemos a tener una vida licenciosa con excesos de todo tipo, es decir como vivía el pueblo de Sodoma y Gomorra sin temor a Dios, lo mismo ocurre en El Salvador.


Las personas y gobernantes hacen lo que bien les parece, es decir sus hechos son contrarios a la voluntad de Dios, pero en los discursos o en las redes sociales invocan el nombre de Dios, como si le conocieran. El Señor Jesucristo dijo en una ocasión “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos”

“No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis”  (Mateo 7:15-20). Entonces debemos imitar al Señor Jesucristo, siendo mansos y humildes de corazón para  que estemos en paz con Dios y con nuestro prójimo, haciendo el bien en todo momento.