Editorial

lunes 25, enero 2021 • 12:00 am

La Fuerza Armada debe ser apolítica y no deliberante La historia salvadoreña y latinoamericana está llena de oscuros episodios cada vez que los militares han incursionado en la política.

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El fin de semana, el equipo ad hoc que estudia reformas a la Constitución de la República analizaba el tema de la Fuerza Armada y su papel. De ahí surgieron una serie de propuestas entre las que destacó la expresión del actual ministro de Defensa que pide un rol político para los miembros de la Fuerza Armada, lo que sería un profundo retroceso a la vida democrática del país.

La historia salvadoreña y latinoamericana está llena de oscuros episodios cada vez que los militares han incursionado a la política,  y por eso la voluntad y la visión de los constituyentes de nuestra Carta Magna de 1983 de convertir a la Fuerza Armada en una institución apolítica y no deliberante, y así debe continuar.

Ironías de la historia que este tema se discuta a casi  89 años de la gran matanza de campesinos de 1932, precisamente bajo la dictadura militar de Maximiliano Hernández Martínez, un general que se erigió como dictador y copó toda la política salvadoreña durante su oscuro mandato.

La Fuerza Armada está destinada a cuidar la soberanía, el ordenamiento social y jurídico del país, no de un gobierno o un partido político. La Defensa Nacional es un tema de Estado. La Fuerza Armada y ninguno de sus miembros no deben participar en política porque no pueden ser garantes ni árbitros de nada.

En América Latina, el papel de la Fuerza Armada como apolítica y deliberante ha quedado bien definido desde Argentina a México, con solo unas cuantas excepciones: las dictaduras de izquierda surgidas a partir del chavismo venezolano: Venezuela, Nicaragua, Bolivia y, por supuesto, Cuba.  Es difícil creer que ese equipo ad hoc quiera seguir esa tendencia y cambiar algo que hace tanto bien a la democracia: los militares deben seguir siendo apolíticos.