En la politica el uso de estrategias de doble politica es un instrumento constantemente utilizado, por la simple razón que para obtener el objetivo de poder pueden existir diversas rutas, y es sabio no aferrarse a una sola; la estrategia de “doble carril” desarrollada por el FDR-FMLN durante el conflicto armado, por un lado con las operaciones guerrilleras y por el otro proponiendo la solución politica como salida a la guerra; el primero apelaba a las armas y el segundo a la mesa de negociación. Aparentemente ambos instrumentos eran opuestos y de hecho presentaron contradicciones, sin embargo, la necesidad de hacerlo era impuesta tanto por la realidad como para mantener la alianza FDR – FMLN y desarrollar el respaldo internacional.

Opinión

La doble estrategia política del presidente Bukele Lo que hemos podido atisbar por la investigación de El Faro es inaceptable y debe ser enjuiciado...

Rubén I. Zamora / Abogado, político y diplomático

miércoles 9, septiembre 2020 • 12:00 am

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En la politica el uso de estrategias de doble politica es un instrumento constantemente utilizado, por la simple razón que para obtener el objetivo de poder pueden existir diversas rutas, y es sabio no aferrarse a una sola; la estrategia de “doble carril” desarrollada por el FDR-FMLN durante el conflicto armado, por un lado con las operaciones guerrilleras y por el otro proponiendo la solución politica como salida a la guerra; el primero apelaba a las armas y el segundo a la mesa de negociación. Aparentemente ambos instrumentos eran opuestos y de hecho presentaron contradicciones, sin embargo, la necesidad de hacerlo era impuesta tanto por la realidad como para mantener la alianza FDR – FMLN y desarrollar el respaldo internacional.

Durante los 12 años de guerra siempre se partió de la tesis que era necesario recurrir a las armas para lograr los cambios, pero, al mismo tiempo, se afirmaba que la alternativa de solución politica era viable, y su resultado fue precisamente el logro entre el gobierno y el FMLN terminar la guerra y, con las reformas políticas pactadas, iniciar la transición democrática; pero hay que tener en cuenta que en lo uno sin el papel de la guerrilla probablemente seguiríamos bajo el régimen militar y la guerrilla salvadoreña estaría o vencida o continuaría en el impase permanente y prolongado de una guerra sin futuro de victoria.

Lo anterior es para sentar la afirmación que el uso por el gobierno de la doble estrategia no es en si mismo malo o delictivo; siempre y cuando sea orientado por el interese nacional, pero de ninguna manera puede considerarse como bueno, cuando el objetivo de la negociación es el beneficio particular del gobierno o de su partido; además es necesario que el gobierno cumpla con dos condiciones más: por un lado cómo se desarrolla la negociación y por el otro qué se está negociando.

Casi siempre, negociaciones políticas de carácter nacional se inician con contactos entre las partes, estos suelen ser de carácter privado, pues aún es dudoso poder desarrollarla, pero una vez cubiertos los aspectos de agenda inicial, marco de las reuniones y personal de las mismas, es indispensable que estas adquieran un carácter público, es decir que el pueblo sepa que se está negociando y la agenda de temas a tratar; esto es sumamente importante, pues una negociación del gobierno con cualquier otra entidad, desarrollada en secreto, a espaldas de la población, es el más claro indicio de que se están tratando temas y llegando a acuerdos que son lesivos para el país y al descubrirse es muy costosa para su credibilidad y confianza, tanto en lo internacional como en el país.

La retórica del Presidente contra las maras ha sido consistentemente agresiva, revanchista, presentándose como el Presidente que va a terminar con esta amenaza a la seguridad y lo hace utilizando el lenguaje más vulgar y chocarrero posible, pero al mismo tiempo negocia con ellas. Esto, ante la población, es una contradicción y una pérdida de credibilidad, ya no solo a nivel internacional, sino también.

El segundo punto es el contenido de las negociaciones y aquí hay que establecer una clara línea, entre el bien y el mal, pues si se trata de intereses particulares como por ejemplo en nuestro caso el apoyo el día de la elección para arriar gente a votar o impedir que voten los que son de oposición esto es inaceptable pues, no solo significa un ataque al sistema democrático electoral, sino que, si se negocia a cambio de darles dinero, se está cometiendo en un flagrante delito penado por la ley.


Lo que hemos podido atisbar por la investigación de El Faro es inaceptable y debe ser enjuiciado.