No puede calificarse de otra forma: raya en idolatría.  En las redes sociales cuelgan su imagen, e incluso, con la reciente donación de las vacunas a siete alcaldías de diferentes partes del país, andaban camisetas con su rostro.

Opinión

La devoción hondureña por Nayib Bukele El gobierno de Juan Orlando Hernández, reelegido con la ya conocida argucia ante la Sala de lo Constitucional, ha manejado la pandemia de forma espantosa…

Carlos Alvarenga Arias / Abogado @CarlosEAlvaren

martes 18, mayo 2021 • 12:00 am

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No puede calificarse de otra forma: raya en idolatría.  En las redes sociales cuelgan su imagen, e incluso, con la reciente donación de las vacunas a siete alcaldías de diferentes partes del país, andaban camisetas con su rostro.

En el recorrido del convoy, la gente recibía a los camioncitos con banderas de ambos países, reventaban cuetes, lanzaban al cielo fuegos artificiales, y exhibían mensajes desde simples cartulinas a las más elaboradas pancartas de lona agradeciendo al presidente y al pueblo salvadoreño.

Las ideologías murieron hace rato. Ahora solo quedan como piezas de museos, en los libros, en los monumentos, también en esas calles que se llenaron de sangre de fieles seguidores, por un lado, y obsesionados represores, por el otro lado, pero lo que ahora domina en boca de los demagogos es el mercadeo político pragmático y extremo.

No hay planes elaborados con base a un decálogo, solo planes para mantener a la gente contenta. No hay un tan solo país en Latinoamérica que en los últimos 40 años, con base a una ideología, haya encontrado el camino al desarrollo sostenido y sustentable, solo Chile, y para tristeza de muchos, se derrumbó. Entonces, ¿qué queda? Solo el campo fértil para los demagogos.

El pueblo hondureño está harto de un sistema bipartidista centenario que tiene en la miseria a casi el 70% de la población, con una corrupción descarada, impenitente e impune; con territorios dominados por las maras, y por si fuera poco, un país en el cual el narcotráfico llegó a enraizarse en todos los niveles de la actividad nacional.

El gobierno de Juan Orlando Hernández Alvarado, reelegido con la ya conocida argucia ante la Sala de lo Constitucional, ha manejado la pandemia de forma espantosa, y el dinero que debía destinarse para los hospitales y el personal médico se fue en terribles actos de corrupción.


Se compraron de una forma tan absurda como nefasta siete hospitales móviles, saltándose todas las reglas para adquisición de bienes para el Estado, entregando a un desconocido -supuestamente intermediario- $ 48 millones, cuando lo más que costaban eran $ 12 millones. Ninguno ha funcionado. Ninguno sirvió nunca para atender a pacientes con covid, y ahora serán utilizados para atender otro tipo de enfermedades como dengue, sika, chikungunya. Y no ha faltado la sobrevaloración de medicinas, insumos y equipos de protección.

Con lo de las vacunas fue todavía más espantoso. Los políticos, y en particular el presidente y su ministra de salud, Alba Consuelo Flores, no hicieron nada, solo dar discursos huecos, sobre sus gestiones para conseguir las tan ansiadas vacunas.

Los hondureños empezaron a ver que en todos los países llegaban las medicinas desde diciembre y enero, pero a Honduras no, solo hasta ahora en mayo.

Las solicitudes fueron tardías porque no había dinero: se lo robaron, y también lo gastaron en las elecciones internas del pasado marzo, las cuales, en el mejor de los casos, las tendrían que haber reprogramado, dando prioridad a las vacunas.

A los alcaldes hondureños, ahora con sus vacunas, no les interesa que esos bienes donados sean del pueblo salvadoreño, que eran parte de un plan de vacunación, que el presidente salvadoreño tendría que haber sido autorizado por la Asamblea Legislativa, luego cruzar cartas entre Estados, y que en Honduras se autorizara a recibir la donación por parte del Congreso Nacional, y una vez en territorio hondureño, las vacunas fueran sometidas a los exámenes de laboratorio pertinente, por ser un producto totalmente invasivo del cuerpo humano.

Todo ese sistema de pesos y contrapesos, el mismo Estado de derecho, en esencia, la democracia misma, no importa para nada, lo importante es el pragmatismo mesiánico. Es un adiós a las reglas y una bienvenida al autoritarismo. Igual, de todos modos, bien por mi gente hondureña que recibirá sus vacunas.

Una buena parte del pueblo hondureño observó cómo se hacían las cosas en El Salvador con relación a la pandemia. Como la señora que envidia a la vecina por su esposo hacendoso, hogareño y sin vicios, y vuelve a ver a su esposo obeso, haragán y pegado siempre al televisor.

Algo bueno hay que hablar del presidente salvadoreño, aunque se pase las leyes por alto. ¡Aplausos!