Es preciso hacer una reflexión profunda sobre el momento que atraviesa nuestra patria. Aún en las peores circunstancias el Derecho, aplicado sin torceduras y con coraje, debe ser visto como lo que es: el mejor instrumento de la razón para la consecución de un orden social justo.

Opinión

La conmoción vivida se debe traducir en nuevas agendas de cambio

Dr. René Hernández Valiente* / Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional @iidc_sv

viernes 26, marzo 2021 • 12:00 am

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Es preciso hacer una reflexión profunda sobre el momento que atraviesa nuestra patria. Aún en las peores circunstancias el Derecho, aplicado sin torceduras y con coraje, debe ser visto como lo que es: el mejor instrumento de la razón para la consecución de un orden social justo.

En este tiempo las palabras del Instituto deben ser de pesar y solidaridad. De pesar ante la pandemia e incapacidad gubernamental que han llevado dolor y lágrimas, sufrimiento y desesperanza a miles y miles de compatriotas. De solidaridad porque solo por medio de ella podemos enfrentar las funestas consecuencias del momento y mirar el porvenir sin que nos desanime un abrumador sentimiento de pesimismo.

Es hora de poner la casa en orden. Y el mejor instrumento para ello es la aplicación decidida del derecho, que no nació para apañar vicios y corrupciones, sino para abrir nuevos horizontes de equidad y justicia a la humanidad. En estos momentos difíciles para el país, con el gafete de luto en el brazo, consideramos que nuestra mejor aportación al país es acudir, en primera fila, a los reclamos de la solidaridad. Nuestro lema es por eso “Verdad y Derecho”.

En los últimos años, nuestra labor fue mantener al Instituto presencialmente activo en la Defensa de lo Constitución, de la justicia constitucional y de la Sala de lo Constitucional como tribunal y ente de control abstracto de constitucionalidad. Hemos procurado difundir el Derecho Constitucional con invitados especiales que han asistido a nuestras asambleas mensuales hasta febrero de 2020, que por razones pandémicas tuvimos que suspenderlas, pero nos mantuvimos vigilantes y promovimos una serie de pronunciamientos en redes sociales y medios de comunicación sobre los asuntos que consideramos constitucionalmente relevantes y frente a los abusos y excesos de autoridad, que se continúan dando desde los más altas esferas de Gobierno.

Cada coyuntura que lo ha merecido, ha tenido nuestra presencia en redes sociales y medios, en unión de otras agrupaciones cívicas, aunque a veces solo el IIDC.

En ese contexto, copatrocinamos el congreso virtual “Valoremos nuestra Constitución”, en el cual participaron diputados constituyentes, exmagistrados, líderes de organizaciones cívicas y empresarios de primera línea. También tuvimos presencia en la publicación del IIDC de México, en mayo de 2020, sobre “Emergencia Sanitaria por Covid-19. Derecho Constitucional comparado” al lado de 28 autores que con pensamiento constitucional orientador, desde sus países colaboran en la búsqueda de soluciones que sólo el Derecho puede brindar, ante los rasgos autoritarios que nos está dejando la pandemia a nivel mundial. De la autoría del Salvador Enrique Anaya, El Salvador presentó el estudio titulado “La libertad está sitiada”.


El momento histórico hace que se exija con caracteres de necesidad, la voz del IIDC mientras la República se debate entre la vida y la muerte por la crisis sanitaria; se debe vencer el hambre y la pobreza que surgen y seguramente se mantendrán por un tiempo, dado el inmovilismo cuarentenal en que caímos y del que aún no nos recuperamos.

La frustración ciudadana ante la incapacidad gubernamental, la confrontación de los detentadores del poder con el ciudadano, sumado al autoritarismo enrumbado a una dictadura, busca dejar un legado de ajuridicidad que justifican aún más el rol vigilante del IIDC en la defensa de los principios y valores constitucionales como fuentes de los derechos fundamentales de los salvadoreños, en manifestar su voz crítica constructiva, la calificada voz del ciudadano, Con la Constitución en la mano continuaremos siendo parte del constitucionalismo salvadoreño.

En síntesis y para terminar, es previsible y exigible que la conmoción vivida por la humanidad se traduzca en nuevas agendas de cambio. La crisis precipitará demandas aplazadas o propiciara exigencias emergentes. Una sacudida de esta dimensión tendrá efectos inevitables en el entorno institucional y cultural de nuestro país y en el mundo entero, en un momento en que la Constitución debe inspirar la máxima confianza como eje de la cohesión social y de las libertades públicas. La sociedad sólo dispone de un instrumento para controlar el poder: El Derecho.

* Segunda y última parte de la memoria leída por el presidente saliente, Dr. René Hernández Valiente, el 28 de agosto de 2020.