Los sectores civilizados, y democráticos del mundo entero celebran con júbilo los resultados de la última elección en los EE.UU.; no es para menos, desde hace cuatro años se había sufrido  la conducta vulgar, racista, cruel  y corrupta de Donald Trump, un personaje surgido del mundo del fraude y de la fantasía de shows televisivos.

Opinión

La bienvenida derrota del Americano Feo Trump aprovechó los sentimientos de una minoría retrasada que cada vez más se va aislando…

Rodrigo Guerra y Guerra / Colaborador

lunes 9, noviembre 2020 • 12:00 am

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Los sectores civilizados, y democráticos del mundo entero celebran con júbilo los resultados de la última elección en los EE.UU.; no es para menos, desde hace cuatro años se había sufrido  la conducta vulgar, racista, cruel  y corrupta de Donald Trump, un personaje surgido del mundo del fraude y de la fantasía de shows televisivos.

Tal como lo expresé en un artículo publicado después de las elecciones de noviembre de 2016 que Trump ganó, pero no el voto popular, me era muy difícil  comprender cómo la tierra de Lincoln y Roosevelt se encontraba en una inédita  encrucijada. Después de El Salvador, Estados Unidos es el país en donde está mi corazón: mi esposa, hijos y nietos son ciudadanos de ese país y en él tengo  amigos muy queridos, allí recibí una parte importante de mi educación, me concedió asilo  en 1980 a pesar de que no estaba de acuerdo con sus políticas hacia El Salvador, allí  trabajé profesionalmente sin problemas durante casi diez años.

Creo que conozco a los “americanos”, la mayoría son personas tolerantes, sobrias, respetuosas, formales, que demuestran con lo que hacen su verdadero valor. Los ejecutivos de varias compañías que mi empresa representa me lo demuestran constantemente.  Esa mayoría volvió a ganar el voto popular, el cual está concentrado en los estados con las mejores universidades, en los que se ubica casi el 70 % de la riqueza, la alta tecnología, el capital creativo y los centros culturales y artísticos. Ellos no representan al “Americano Feo”, mostraron  al mundo el lado bueno de su país, y  movieron el péndulo hacia el lado de la razón. Sé  que mis nietos serán parte de esa mayoría.

En 1958 fue publicada la conocida novela “The Ugly American” donde en una autocrítica admirable los autores norteamericanos William Lederer y Eugene Burdick cuestionaban los desaciertos de la política de Estados Unidos en varios países; en respuesta,  tres años después el Presidente  Kennedy fundaría los Cuerpos de Paz para mostrar con hechos alrededor del mundo el lado bueno de la juventud de su país.

En noviembre de 1963 me encontraba en mi último año de ingeniería en el Instituto Tecnológico de Monterrey, México,  cuando Kennedy fue asesinado, y como toda la juventud mundial sentí una profunda desilusión; nos mataban al líder que nos inspiraba con su intelectualidad, determinación y clase. Esa misma desilusión sentí hace cuatro años.

Trump aprovechó los sentimientos de una minoría retrasada que cada vez más se va aislando por el repudio que recibe del típico americano bueno y del mundo en general. Se dedicó a insultar a los aliados tradicionales de los EE.UU., se acercó a las dictaduras y fue particularmente cruel con los inmigrantes. Sin embargo los referidos insultos,  deben  hacernos reflexionar sobre el origen de nuestra vulnerabilidad basada en la corrupción, impunidad e ineptitud de nuestros políticos y en la indiferencia de  sectores que ha forzado al 30 % de la población a dejar el país debido a la guerra civil, falta de oportunidades y violencia. Nuestros políticos siguen mostrando su incapacidad con privilegios y corrupción, herencia de los desaciertos históricos de muchos  gobiernos y de  sectores pudientes o fanáticos  de la sociedad, mientras tanto la población continúa sedienta de un enfoque al bien común.


El equipo del futuro  presidente Biden ha anunciado un programa para el Triángulo Norte de Centroamérica basado en dos temas: erradicación de la corrupción y ayuda económica de $4 mil millones para el desarrollo, lo cual abrirá espacios para los elementos competentes y honestos del país. Todos los salvadoreños debemos hacer nuestra parte, con fortaleza de espíritu y fe en Dios.