Las rancias cúpulas de los partidos FMLN y ARENA los han colocado en la punta del tobogán. Es paradójico que una rampa deslizante elevada, que sirve como diversión en los parques acuáticos modernos, sea ahora el canal que los podría conducir hacia el suicidio político, por la obsesiva terquedad – que raya en sinvergüenzada – de aferrarse a sus puestos y no aceptar su responsabilidad en la derrota electoral que ambas extremas sufrieron el pasado 3F.

Opinión

La agonía de las extremas políticas

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 20, mayo 2019 • 12:00 am

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Las rancias cúpulas de los partidos FMLN y ARENA los han colocado en la punta del tobogán. Es paradójico que una rampa deslizante elevada, que sirve como diversión en los parques acuáticos modernos, sea ahora el canal que los podría conducir hacia el suicidio político, por la obsesiva terquedad – que raya en sinvergüenzada – de aferrarse a sus puestos y no aceptar su responsabilidad en la derrota electoral que ambas extremas sufrieron el pasado 3F.

Tal situación retrata a las cúpulas dirigenciales de izquierda y derecha como indignas de ostentar sus cargos. No es cuestión de lo que digan sus estatutos. Es cuestión de rescatar los principios elementales de ética política (en el caso de ARENA) y de retomar los verdaderos principios revolucionarios (traicionados en el caso del Frente).

En medio de semejante crisis al interior de ARENA y del FMLN, dentro de dos semanas hegemonizará el Órgano Ejecutivo un nuevo Presidente, asumiendo con ello tres grandes responsabilidades.

Primera, la de conducir con eficiencia, transparencia, honestidad y efectividad, todas las entidades y organismos públicos bajo su control operacional. El Presidente electo ya dijo que lo hará desde diez grandes pantallas que colocará, en su condición de inquilino temporal, en su despacho de La Casona. Pero resulta preocupante que el Presidente electo vea difícil seleccionar a tres mil colaboradores de su gobierno, habida cuenta que con seis millones y medio de habitantes dentro del país y con casi tres millones fuera de él, algo bueno debería encontrar. Lo que menos debería hacer es practicar el reciclaje de funcionarios, especialmente los hartos conocidos por su ineptitud y corrupción.

Segunda, iniciar el cumplimiento de sus ambiciosas promesas electorales que cautivaron a quienes votaron por él, hastiados de la forma en que han venido ejerciendo la política aquellos partidos que hoy están en la punta del largo y  liso tobogán de la política criolla.

Tercera, adoptar la seriedad propia de un gobernante, resolviendo desde el primer día de su mandato, junto a su gabinete (presuntamente capaz y efectivo) los principales problemas que aquejan a nuestro estoico país, que resultaría inoficioso enumerar porque todos los conocemos. Para eso necesitará la colaboración del Órgano Legislativo, instancia ante la que su Ministro de Hacienda deberá presentar el presupuesto estatal, a escasos tres meses de haberse estrenado su jefe como nuevo Presidente.


Es justamente en este punto donde al país y el nuevo gobierno deberán enfrentar dos grandes escenarios. El primero supone la colaboración de todos los partidos políticos al nuevo Órgano Ejecutivo; bajarle volumen a la polarización y que las dos extremas políticas logren sobrevivir su actual carnicería interna que comienza a exhibir sus vísceras. Si ARENA y el FMLN superan su crisis y hacen recaer los relevos cupulares en gente racional, visionaria, dialogante y no corrupta, que piense en función de país, las cosas podrían irse sorteando de mejor manera.

El segundo escenario supone que las cosas se vean con la tradicional mezquindad partidaria; por tanto, ni ARENA ni el Frente le darían su colaboración al nuevo gobierno. En ese caso, al Presidente electo no le quedará otro camino que activar y canalizar – otra vez – el reclamo y odio de la gente hacia los partidos tradicionales (lo cual está facilísimo) pactar con la sociedad civil organizada, el empresariado honesto y el auxilio de algunos organismos internacionales, de tal manera que (haciendo micos y pericos) logre llegar a las puertas eleccionarias en el 2021 y desde esa coyuntura borrar del mapa político a la terca oposición política, abriendo brecha para que emerjan nuevos actores legislativos y municipales.

Siempre será necesario contar con una izquierda, pero ésta debe hacer un viraje para convertirse en la izquierda democrática que el país requiere.  También con una derecha, pero que haga un viraje hacia el verdadero “capitalismo democrático” que siempre debió practicar. Los salvadoreños deberíamos darle seguimiento a la actual agonía que sufren las extremas políticas.