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Khalida Popal: “He recibido mensajes de chicas afganas pidiendo protección y esperanza” La exjugadora y activista afgana pide “ayuda” ante la “pesadilla” talibana en su país: “Las mujeres no saben si podrán volver a jugar”

Redacción Deportes

jueves 23, septiembre 2021 • 8:52 am

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La activista y excapitana de la selección femenina de fútbol de Afganistán Khalida Popal ha denunciado este jueves la “pesadilla” que están viviendo de nuevo las mujeres y las futbolistas de su país, que envían “mensajes desesperados pidiendo protección y esperanza” ante el regreso al poder de los talibanes, y que vuelven a vivir en una “oscuridad” a la que quiere poner fin usando, como hizo antaño, su voz para hacerlas “visibles”.

Según expuso Khalida Popal en el World Football Summit (WFS), congreso que se está celebrando hasta este jueves en el Wanda Metropolitano de Madrid, los talibanes, tras llegar al poder de nuevo este verano, están apartando de nuevo a las mujeres de la vida social, por supuesto deportiva, del país afgano sólo por el mero hecho de “ser mujeres”.

Popal, pionera en su país al jugar a fútbol y ser la capitana de la primera selección femenina en 2007, en varios amistosos, quiere contribuir desde su ONG 'Girl Power', a sacar de su país a unas jugadoras de fútbol que son víctimas del régimen talibán.

“Cuando los talibanes tomaron de nuevo el país, la pesadilla del pasado se hizo de nuevo realidad. Fue muy impactante para mí ver cómo todo lo que había vivido en mi niñez se puede repetir de nuevo”, relató Popal, visiblemente emocionada.

Y es que su lucha por abrir la mente de Afganistán y dar poder a las mujeres dentro de la federación de fútbol del país, más allá de verlas jugar, ha sufrido un receso total ante la salida del gobierno afgano tras la reciente disputa con los talibanes, que tomaron Kabul y el resto del país este verano.


“He escrito a jugadoras de Afganistán preguntando cómo están, con el deseo de que hayan podido salir del país. He recibido mensajes desesperados de chicas, llorando, pidiendo protección y esperanza, sin saber qué pasará, cuál será el castigo o por qué serán abandonadas. ¿Podrán volver a jugar a fútbol? No lo saben”, lamentó.

“Las jugadoras afganas quieren jugar por su país y ahora se lo prohíben, se les ha arrebatado su pasión, so sé cómo ayudarlas. Me digo a mí misma que sé que no tengo el dinero para enviarlo a mi país y ayudarlas a lograr sus metas, pero tengo el poder de mi voz. Voy a usarla, otra vez, para explicar qué está pasando y por qué estoy preocupada; porque están abandonadas en Afganistán y necesitan ayuda”, pidió.

En este sentido, explicó que ya pudo ayudar a sacar del país a varias jugadoras de fútbol, de la selección, hace unos días, aunque aún siga haciendo falta esa ayuda y sea ya más complicado lograrlo. Con la ayuda del sindicato de futbolistas Fifpro, se logró la salida de 85 jugadoras, con destino a Australia, de entre 16 y 17 años.

No obstante, puso de manifiesto mensajes de ayuda que le siguen llegando desde su país. “'Veo a mis enemigos, los talibanes, ahí fuera y no puedo salir, ni siquiera puedo salir de mi habitación'. No se puede vivir en esta oscuridad, y ¿qué ha hecho esta chica? ¿Cuál es su culpa?”, denunció.

 

“NO FUE FÁCIL LLEVAR A MI PAÍS LA CULTURA DEL DEPORTE”

Por ello envía un mensaje de ánimo y fuerza a las jugadoras de fútbol afganas. “Si os mantenéis juntas, lograremos sacaros del país, con ayuda de la gente”, reiteró. Y es que logró sacar del país a las vigentes campeonas de la liga de Kabul, un equipo de provincia que vio destruidas, por la guerra, sus casas.

En su papel de activista por los derechos de las mujeres y de los seres humanos, aseguró que no hay “nada más grande” que usar el poder del fútbol. “Quería que muchas más mujeres se pudieran unir, para notar la libertad de jugar a fútbol, y olvidar así malos momentos y vivir lo bueno que pasa en el terreno de juego. Quería ofrecer eso a más chicas de mi comunidad”, comentó en referencia a un pasado no tan lejano.

“Quería cambiar la mentalidad impuesta por los talibanes de que las mujeres debían estar en casa, en la cocina, y sin poder salir. Quería que las mujeres nos levantáramos, unidas. No fue fácil llevar a mi país la cultura del deporte, del fútbol, algo que no habíamos tenido nunca antes. Fue muy difícil, fui arrestada, afronté retos imposibles, pero lo hicimos como equipo y no nos rendimos”, remitió.

Una lucha con final feliz, entonces, cuando en 2007 jugaron el primer partido amistoso con el equipo femenino de Afganistán. “Nada más bonito que vestir la camiseta del país, con honor. Para mí, ser la capitana del equipo de fútbol no era suficiente, quería seguir cambiando la mentalidad del país”, confesó.

“En la federación afgana, no había una sola mujer. Quería estar ahí para alzar nuestra voz, la de las mujeres. Después de tres años de intentos, lo logramos. Por primera vez en la historia, una mujer empezó a trabajar en la federación”, recordó Popal.