En El Salvador, los datos sobre pobreza, desigualdad, violencia contra las mujeres, desempleo, migración, corrupción, entre otros, nos ofrecen un panorama deprimente ante el cual, el 15 de septiembre debería servir para reflexionar sobre el país que tenemos. A casi 200 años de haber logrado la independencia de la corona española, me pregunto, ¿qué hemos hecho mal para que encontrarnos en la situación actual?

Opinión

Independencia

Ana Cevallos / Economista investigadora @Cevallob

jueves 17, septiembre 2020 • 12:00 am

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En El Salvador, los datos sobre pobreza, desigualdad, violencia contra las mujeres, desempleo, migración, corrupción, entre otros, nos ofrecen un panorama deprimente ante el cual, el 15 de septiembre debería servir para reflexionar sobre el país que tenemos. A casi 200 años de haber logrado la independencia de la corona española, me pregunto, ¿qué hemos hecho mal para que encontrarnos en la situación actual?

Responderlo no es fácil, dado que las razones son múltiples, de diversa naturaleza y se van sumando y entrecruzando a lo largo del tiempo. No obstante, a mi parecer, uno de los errores ha sido el hecho de romantizar la independencia, al punto de creernos que realmente la hemos alcanzado, sino, ¿cómo podemos ser independientes en un país que, al finalizar el 2020, alcanzará un endeudamiento equivalente a más del 92% del Producto Interno Bruto (PIB)? En otras palabras, ¿cómo podemos ser independientes en un país, donde, por cada 100 dólares que se produzcan se deberán pagar 92 dólares?

A casi 200 años de la independencia, nuestros impuestos ya no deben ser orientados a la corona española, pero, en la actualidad los pagamos a los organismos internacionales y acreedores privados en concepto de pago de deuda e intereses, aproximadamente el equivalente al 20% de los ingresos tributarios. Esta relación metafórica, si bien es superficial, permite evidenciar que seguimos siendo un país cuyo margen de maniobra para la toma de decisiones sobre sus recursos públicos sigue siendo estrecho y condicionada por actores externos.

Esto preocupa en el contexto actual de crisis, donde las desigualdades estructurales se están profundizando y, por tanto, es necesario destinar recursos a la garantía de derechos. Se configura entonces un dilema de gran envergadura para este país. Por un lado, garantizar la sostenibilidad de la deuda y, por otro lado, cumplir con los compromisos en pro del bienestar de la población. Es decir, se debe encontrar la fórmula para que los ingresos públicos permitan hacer frente al pago de la deuda (y de sus intereses), garantizando al mismo tiempo los derechos reconocidos en la Constitución de la República y en los diversos compromisos internacionales.

Ante este panorama es urgente que exijamos a las autoridades que tomen las riendas en la construcción de un país realmente independiente, entendiendo esto desde un sentido amplio de derechos. Para ello, una de las tareas primarias consiste en mejorar la situación de las finanzas públicas que actualmente se encuentran en números rojos. Al respecto, el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi) recomienda generar y alcanzar acuerdos nacionales a fin de identificar espacios fiscales que permitan superar la crisis actual. Esto supone, en primer lugar, repensar los ingresos públicos (especialmente en materia impositiva), de tal forma que estos sean suficientes y al mismo tiempo socialmente justos; en segundo lugar, la reducción o eliminación de gastos  considerados no esenciales, en la medida que no contribuyen al bienestar de la población; en tercer lugar, aumentar la eficiencia en los gastos a través del fortalecimiento de la transparencia en la ejecución de los recursos públicos; y, la renegociación de la deuda hacia fuentes más baratas.

Pensaría que, solo de esta manera podemos encaminar el país hacia la independencia del hambre, de la corrupción, del poder de las élites que no pagan impuestos, entre otros males que limitan nuestros derechos. En consecuencia, no dejemos pasar otros 200 años viviendo de la ilusión de una independencia que, en este país, pocos han experimentado. Iniciemos proponiendo cambios en esta dirección en el actual proceso de discusión y potencial aprobación del Presupuesto para 2021, y, sobre el resultado que obtengamos, evaluemos seriamente nuestro voto en las próximas elecciones.