El periodismo es el oficio más lindo del mundo, tal como lo definió el grandioso escritor y periodista colombiano Gabriel García Márquez. Hay que ejercerlo con ética, responsabilidad y mucho profesionalismo y con la plena conciencia que hacer periodismo es servir a los públicos anónimos, heterogéneos y masivos.

Opinión

Hay que proteger al periodista

Jaime Ulises Marinero / Periodista @ulisesmarinero

martes 13, abril 2021 • 12:00 am

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El periodismo es el oficio más lindo del mundo, tal como lo definió el grandioso escritor y periodista colombiano Gabriel García Márquez. Hay que ejercerlo con ética, responsabilidad y mucho profesionalismo y con la plena conciencia que hacer periodismo es servir a los públicos anónimos, heterogéneos y masivos.

El periodista está consciente que es un ser ideológico, pero que en nombre del ejercicio periodístico tiene que desligarse de las ideologías y no acercarse de ninguna forma a las corrientes partidarias,  para tener la solvencia de ser un ente fiscalizador del orden social, económico y político. El peor ser humano es el que traiciona y “vender la pluma” es una forma de traición.

Los que somos periodistas estudiamos por lo menos seis años en la universidad, cinco como estudiantes regulares y al menos uno haciendo nuestra tesis de graduación. Ahí aprendimos desde redacción periodística, fotoperiodismo y técnicas de reporteo para prensa, radio y televisión, hasta ética periodística, uso y manejo de géneros periodísticos, periodismo de opinión, conocimiento de públicos y un larguísimo etcétera. Un promedio de 50 asignaturas distribuidas en cinco años de arduo estudio.

Hay muchos que ejercen el periodismo de manera empírica y son muy buenos, pues han acumulado tanta experiencia y desempeñan su labor con mucha dignidad, ética y responsabilidad. Además trabajan para medios convencionales donde bien o mal ejercen su labor.

Algunos periodistas tenemos doctorados, maestrías y otros estudios complementarios de especialización en determinadas áreas del amplio espectro del periodismo y las comunicaciones. La vocación la hemos complementado con estudios que han requerido sacrificio, voluntad y deseos de superación para ejercer de mejor forma nuestro quehacer.

Como parte de nuestro trabajo seguimos un riguroso método periodístico y aplicamos normas técnicas y criterios para acudir a las fuentes, recoger la información, procesarla, clasificarla, evaluarla y difundirla o publicarla a través de los soportes (radio, prensa, televisión y medios virtuales). Hemos reporteado y usado las técnicas periodísticas para procesar el hecho noticioso bajo estrictos criterios éticos y estilos periodísticos. Desde luego, habremos buenos y malos periodistas, por asuntos relacionados con el estilo individual o nuestras propias capacidades y limitaciones.


Periodista o comunicador institucional no es cualquiera. Muchas personas que se dedican a difundir mensajes en las redes sociales, podrán ser activistas, agitadores, youtubers o cualquier especie de mensajero, pero no son periodista ni por asomo. Algunos de ellos ofenden, difaman, agreden, toman posición partidaria o política, manipulan, son mendaces y dicen cualquier “barrabasada” con tal de entretener o engañar a sus fans o en busca de objetivos comerciales o ideológicos.

Por eso es muy bueno que la Ley de Protección a Periodistas no ampare a estas personas que más allá de la libertad de prensa han caído en un libertinaje desde el anonimato o amparados en el patrocinio de quienes los contratan o quienes los utilizan para tales fines. Muchos se dedican a “piratear” materiales noticiosos de los medios o fuentes serias, sin siquiera acreditar las notas, lo cual es antiético y literalmente un delito que en el país nadie controla.

Urge un colegio de periodistas que acredite a los profesionales y que a la vez les exija calidad, los capacite y los obligue a ejercer con ética su trabajo y que, por supuesto, vele por la garantía de sus derechos. Como no todos los periodistas en ejercicio tienen un título universitario, pues se debe crear una especie de “agregados” que incluya a aquellos que puedan demostrar su práctica, sus conocimientos y su idoneidad para hacer llamar periodista empírico. Ese hipotético colegio también debe garantizar a través de un “ombudsman”  o  defensor del pueblo  los derechos de las fuentes y de los involucrados en una noticia. Hay muchos medios (hay que decirlo) que toman ventaja errada de la libertad de expresión y libertad de prensa y en ocasiones obedecen a campañas contra particulares o colectivos. Por ejemplo, conozco el caso de un matutino que por necedad no ha rectificado una nota errada que publicó. La persona afectada ha acudido a Derechos Humanos, a las autoridades de ese periódico y hasta a un gremio de periodistas, sin que le resuelvan su caso que tanto daña.

La Ley de Protección a Periodistas debe contemplar la posibilidad de iniciar procesos judiciales contra aquellos que usurpan el hecho de llamarse periodistas y que se dedican a “copy page”. Muchos sitios en internet, que dicen llamarse periódicos virtuales no son más que “piratas” robando materiales de otros medios o de verdaderos periodistas. Definitivamente necesitamos proteger al periodista, incluso ante el abuso del poder económico, de los gobernantes y de  los mismos medios.