El advenimiento de nuevas variantes del coronavirus (SARS-CoV-2), causante de la terrible pandemia del siglo 21, ha traído además de una profunda discusión entre personas expertas, una amplia confusión, agudizada por la inherencia de políticas populistas en la toma de decisión de los programas de vacunación contra la COVID-19.

Opinión

Hay que actuar con cuidado y responsabilidad Los países deberían aspirar inicialmente a maximizar la cobertura de dos dosis en esa población, y posteriormente administrar la tercera dosis, empezando por los grupos de mayor edad.

Dr. Alfonso Rosales / Médico epidemiólogo @alfonso76657962

miércoles 13, octubre 2021 • 12:00 am

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El advenimiento de nuevas variantes del coronavirus (SARS-CoV-2), causante de la terrible pandemia del siglo 21, ha traído además de una profunda discusión entre personas expertas, una amplia confusión, agudizada por la inherencia de políticas populistas en la toma de decisión de los programas de vacunación contra la COVID-19.

Estas discusiones y confusiones, además, son agravadas por opiniones de académicos que se publican en periódicos ampliamente leídos en el ámbito nacional. Tal es el caso de un economista que publicó un artículo de opinión esta semana, promoviendo la dosis de refuerzo, mal llamada tercera dosis, de la vacuna contra COVID. Este economista fundamenta su opinión en un estudio recientemente publicado por el Ministerio de Salud de Chile. Un estudio observacional que aún no ha sido publicado en una revista científica de revisión por pares.

Tomando en cuenta el grave daño que la desinformación ha causado en el manejo adecuado de esta crisis sanitaria, me parece un tanto audaz e irresponsable la publicación de este artículo de opinión por tan serio y respetado académico. Audaz porque siendo un experto en el área económica, trasciende su opinión al área de salud pública, la cual evidentemente no maneja. Irresponsable porque utiliza un medio de comunicación para externar una opinión no fundamentada en evidencia concluyente, sino en un estudio observacional con serias limitaciones técnicas.

Como asumo que bien sabe el respetable académico, los estudios hay que leerlos críticamente, especialmente la sección metodológica. Tratando de enmendar este daño potencial a la sociedad salvadoreña, me permito esclarecer las recomendaciones actuales de personas expertas en el área de la inmunización con respecto a la tercera dosis y a la dosis de refuerzo.

Inicialmente, es importante clarificar que la “tercera dosis” y la “dosis de refuerzo” son conceptos diferentes. El concepto de tercera dosis indica la necesidad de aplicar una dosis adicional, o sea tres dosis en lugar de dos, en aquella población con un sistema inmunitario comprometido, con el fin de estimular ese sistema que se encuentra debilitado. Cabe aclarar que existe evidencia científica y recomendación de expertos para la aplicación de la tercera dosis. En cambio, la dosis de refuerzo implica la aplicación de una dosis extra cuando se estima que la concentración de anticuerpos comienza a disminuir, y por tanto la protección. Al momento de este artículo, no existe evidencia concluyente de la necesidad en la aplicación de una dosis de refuerzo, y por tanto los comités de expertos mundiales no recomiendan su utilización.

El Grupo Estratégico de Expertos (SAGE) en Inmunización recomienda que a las personas moderada y gravemente inmunodeprimidas se les ofrezca una dosis adicional de todas las vacunas COVID-19 de la OMS, como parte de una serie primaria ampliada, ya que es menos probable que estas personas respondan adecuadamente a la vacunación tras una serie primaria estándar de vacunas y corren un alto riesgo de contraer la enfermedad COVID-19 grave.


En el caso de las vacunas inactivadas de Sinovac y Sinopharm, debe ofrecerse una dosis adicional (tercera) de la vacuna homóloga a las personas de 60 años o más como parte de una serie primaria ampliada. También se puede considerar el uso de una vacuna de plataformas heterólogas para la dosis adicional en función del suministro de vacunas y de las consideraciones de acceso. Al poner en práctica esta recomendación, los países deberían aspirar inicialmente a maximizar la cobertura de dos dosis en esa población, y posteriormente administrar la tercera dosis, empezando por los grupos de mayor edad.

Un artículo recientemente publicado en la revista Lancet por un grupo de expertos de varias universidades prestigiosas europeas y americanas, concluyó que las pruebas actuales no parecen mostrar la necesidad de un refuerzo en la población general, en la que la eficacia contra la enfermedad grave sigue siendo alta. Incluso si la inmunidad humoral parece disminuir, las reducciones del título de anticuerpos neutralizantes no predicen necesariamente de la eficacia de la vacuna, y las reducciones de la eficacia de la vacuna contra la enfermedad leve no predice necesariamente predecir reducciones en la eficacia (típicamente más alta) contra la enfermedad grave. Adicionalmente, ellos concluyen que la utilización de dosis de refuerzo agrava la inequidad de acceso.