En una tierra lejana existía un hombre que era muy rico, gracias a su esfuerzo había conseguido acumular una gran fortuna, además de ello, tenía la bendición de contar con una hermosa familia. No conforme con ello,  un día, fue a visitar a Sengai, un maestro muy sabio que daba buenos consejos. El sujeto le pidió de favor que le escribiera algo para que su familia fuera siempre próspera y así poder mantener su riqueza, pasándola de generación en generación.

Opinión

Hagan tesoros en el cielo y no en la tierra

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios @Jaime_RO74

miércoles 10, noviembre 2021 • 12:00 am

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En una tierra lejana existía un hombre que era muy rico, gracias a su esfuerzo había conseguido acumular una gran fortuna, además de ello, tenía la bendición de contar con una hermosa familia. No conforme con ello,  un día, fue a visitar a Sengai, un maestro muy sabio que daba buenos consejos. El sujeto le pidió de favor que le escribiera algo para que su familia fuera siempre próspera y así poder mantener su riqueza, pasándola de generación en generación.

Sengai tomó entonces un papel de arroz y mojó un pincel en su tintero. A continuación escribió una frase que desconcertó por completo a su visitante:

“El padre muere, el hijo muere, el nieto muere”…

—Pero Sengai, ¿qué clase de broma es esta? —replicó el hombre, muy ofendido— Yo te pedí algo para garantizar nuestra prosperidad y que mi familia fuese feliz, pero  lo que acabas de escribir es muy triste. Sengai, lejos de alterarse, le respondió con serenidad.

—Te aseguro que no es mi intención hacerte ninguna broma. Lo que he escrito es verdad y es algo en lo que tienes que reflexionar —le explicó—, si antes de tu muerte, tu hijo muriera, esto te provocaría un gran dolor. Y si el día de mañana fuera tu nieto el que se encontrara con la muerte, sin duda alguna, tanto tú como tu hijo quedarían realmente afectados.

—Pues claro que así sería —dijo el hombre, sin poder evitar la angustia que sus palabras le provocaban—  aun no entiendo adonde quieres llegar con todo esto, Sengai.


—Le das demasiada importancia a las riquezas que has acumulado, sin darte cuenta de que posees una riqueza mayor. Aun si perdieras todo lo que tienes, tendrías a tu familia a tu lado para empezar de nuevo. Por eso escribí esa frase, si tus seres queridos y tú mueren en el orden natural, significará que la vida ha seguido su curso. A esto es a lo que yo llamo verdadera riqueza.

Comprendiendo lo que Sengai quería decir, el hombre dejó su molestia a un lado y se quedó maravillado.

—No te preocupes por la fortuna, deja que tu familia siga haciendo lo que ama y las riquezas seguirán viniendo solas —le aconsejó el maestro, entregándole el papel de arroz—, y recuerda: la abundancia de verdad no siempre se mide por el oro o las cosas de valor. El hombre le dio las gracias y regresó a su casa, sintiéndose sumamente ligero. Una vez allí, su esposa e hijo lo recibieron con gran alegría y él les explicó lo que había aprendido de Sengai.

Las riquezas van y vienen, pero el amor de la familia es algo que debemos cultivar todos los días, ya que el amor no es automático. El Señor Jesucristo, advirtió sobre las trampas de la apariencia y la falsa felicidad, en la que las personas hipotecan su familia, por perseguir las riquezas y luego pierden a la familia pero tienen riquezas, no estoy diciendo que no debamos esforzarnos por alcanzar el éxito y la libertad financiera, lo que trato de decir  es que las prioridades no deben estar al revés, ya que de nada sirve una gran mansión en la que hay un enorme silencio.

En el Evangelio según Mateo 6:19-21  dice así; “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladronas minan y hurtan; Mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan: Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón” esta idea se refuerza con la carta paulina en  1 Timoteo 6:9-10 “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición”

“Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”  Esfuérzate para sacar adelante a tu familia, pero no pierdas tu familia, por las riquezas, porque uno de los tesoros más hermosos que nos ha dado el Señor Jesucristo, además de la salvación, es la familia.