Política

“Habrá un cambio democrático en Cuba más temprano que tarde” Manuel Cuesta Morúa, un reconocido opositor cubano evalúa los efectos de las protestas en la isla el pasado 11 de julio.

Redacción DEM

sábado 17, julio 2021 • 12:09 am

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A casi una semana de la jornada de protestas contra el regimen castrista cubano, Manuel Cuesta Morúa, un reconocido activista opositor, hace un balance de lo que ha sucedido y de lo que puede venir en Cuba tras la jornada del 11 de julio.

 

¿Cuál el estatus de las protestas en Cuba?

Al día de hoy hay una tensa calma aunque hay algunos conatos de protesta en localidades muy específicas, barrios en las afueras de la ciudad, barrios marginales. Ahí se mantiene aún el calor de las protestas pero aún hay una tensa calma. El gobierno ha desplegado una racha de detenciones alrededor de cinco mil personas han sido contabilizadas hasta ahora que han sido detenidas en las últimas 24 o 48 horas para llevarlas a declarar en un juicio sumario, eso se acaba de anunciar. Pero se mantiene en el país la esperanza y la energía viva que despertaron esta jornada de protestas del 11 de julio que fue en más de 50 ciudades. Y lo que ha llevado a las autoridades por un lado a reprimir y por otro lado a dictar que tomará una serie de medidas ciertamente liberalizadoras para enfrentar la situación y el desafío de los cubanos.

 


Precisamente esas medidas de levantar impuestos y restricciones a alimentos, artículos de aseo y medicinas. ¿Cómo han sido tomadas por la población?

Han sido tomadas como una primera victoria, lo que sucede es que estas medidas que el gobierno acaba de tomar ya habían sido solicitadas por muchos autores de la sociedad civil con el propósito de que se estableciera un corredor humanitario como respuesta a la crisis de la pandemia, que se combina con la crisis de alimentos reforzada desde varias perspectivas: de alimentos, una crisis de seguridad alimentaria inmensa, de recursos, de abastecimientos, aunado a un apartheid económico que estableció el gobierno cubano a partir del nuevo ordenamiento de la economía cubana. De modo que sabían que se había solicitado ese corredor humanitario luego que se presentó el aumento de casos de covid y de muertes en Cuba y el gobierno se había negado. De modo que esta concesión ha sido tomada como una primera victoria y una demostración que la presión ciudadana funciona. Lo más interesante, sin embargo, es que la gente tiene claro que no fueron unas protestas del hambre y de las necesidades sino también unas protestas de la libertad y que esto no debe enmascarar la necesidad de demandas de más apertura política, de reformas fundamentales que respeten el derecho a la libertad de expresión, de asociación, y todas las libertades democráticas y fundamentales que se han venido solicitando y pidiendo durante muchos años en Cuba.

 

Entonces para usted, a pesar de esta ola de represión, ¿la rebelión continúa? ¿No ha sido aplastada?

No está aplastada. Definitivamente no está aplastada. Estamos hablando de un estado totalitario y la rebelión y las protestas masivas no pueden ser organizadas con éxito como se hace en sociedades que aunque sean autoritarias, donde de alguna manera hay espacios para organizar protestas sociales. Sin embargo, estas protestas sociales espontáneas fueron lo mejor que ocurrió porque permitió lo que no habría permitido propuestas organizadas: que en más de 50 ciudades y pueblos se expresara gente pidiendo libertades, entonando Patria y Vida, y demandando cambios fundamentales. De modo que esa rebelión que viene desde abajo sucede por primera vez en la historia de Cuba, que simultáneamente une en el espacio de demandas a sectores muy diversos, generaciones muy diversas.

 

Una pregunta que todos nos hacemos fuera de Cuba es cómo en un estado totalitario como ese, un estado policíaco de control y espionaje, ¿cómo es que la seguridad del Estado cubana no se dio cuenta de las protestas que se estaban gestando?

Por el divorcio que tiene la clase política y todas sus instituciones con la realidad del país, los servicios de inteligencia han dedicado todo su energía y tiempo para los grupos de la sociedad civil, pero no tienen ni han tomado en cuenta toda la información del estado de malestar, del malestar social, del malestar de la cultura para decirlo como un concepto, que existe en Cuba. Y subestimaron la capacidad de la sociedad para responder, sobre estimaron la capacidad del gobierno cubano, para mantener todavía el discurso de la revolución. Han vivido durante mucho tiempo de esta realidad alternativa y por lo tanto, no les llega bien en esa burbuja de la realidad alternativa, la información profunda de la sociedad cubana. Por otro lado, han creído mucho que los cubanos solo les interesan las demandas de tipo material, esa ha sido una narrativa construida durante mucho tiempo y ellos la han creído fundamentalmente. Nunca han pensado que puede haber una demanda de libertades desde el ciudadano común, desde el fundamento de las bases populares de la sociedad cubana, es por eso que los coge por sorpresa. Estas manifestaciones se dan en principio no en grandes ciudades como La Habana o Santiago de Cuba, sino en principio son ciudades donde hay un clima de confianza mucho más sólido entre los habitantes de esas regiones, hablamos de San Antonio de los Baños, donde ahí se conoce por generaciones la gente. Y hablamos de Palma Soriano, que fue uno de los lugares donde la región oriental, donde se levantaron. A partir de ahí se genera un contagio que llevó la protesta a más de 50 ciudades y pueblos de todo el país.

 

¿Dejaron los cubanos de creer en que todo es culpa del embargo, del bloqueo, que todo es culpa de los Estados Unidos?  

Así mismo es.  Los cubanos ya saben que su principal obstáculo está en el gobierno cubano. Eso lo probaron con mucha claridad después del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos con la administración Obama. Por un lado, desde la administración Obama hubo una oferta a la pequeña y mediana empresa que fue rechazada absolutamente por el gobierno cubano, y eso fue un primer mensaje que tuvieron los cubanos, no la sociedad civil en su sentido general sino el cubano de a pie, el cubano que lucha por su prosperidad, obtuvieron un mensaje claro que el gobierno cubano era el obstáculo. Segundo mensaje, la cantidad de impuestos confiscatorios que el gobierno cubano ha establecido para los trabajadores en la pequeña y mediana empresa. Si usted quiere estimular la prosperidad inicial de un sector emergente, se supone que usted tenga una política impositiva flexible, los cubanos se dieron cuenta que estos eran impuestos confiscatorios para impedir que se convirtieran en clase media sólida. Y un tercer mensaje claro es el obstáculo a las relaciones familiares. Muchos cubanos iban a Miami, a Lima, iban a Nicaragua o Haití, a hacer grandes compras y el gobierno cubano se las confiscaba en los aeropuertos, no les permitía entrar grandes cargas enviadas por los familiares para generar su propia prosperidad. Todo esto fue una especie de coctel Molotov que dio el mensaje de que el principal obstáculo no está en los Estados Unidos, está en Cuba. A lo que yo agregaría el tema de la agricultura. Para desarrollar la agricultura en Cuba ciertamente no hace falta los Estados Unidos, solo una política sensata, abierta, flexibilizadora, nos tendría ahora todas las mesas llenas pues se produce en la tierra cubana, todo esto ha llevado al cubano de a pie a tener una claridad de que el obstáculo no está en las políticas de Estados Unidos, sino en la política del gobierno cubano.

 

¿Qué viene? ¿Qué podemos esperar, qué nos depara el futuro inmediato para Cuba?

Yo creo que viene un momento muy interesante, yo siempre he sido de los más optimistas dentro de la sociedad civil y la gente me ha mirado con resquemor y se pregunta de dónde nace ese optimismo si la sociedad cubana no responde, pues la sociedad cubana ha respondido, y en un punto clave que es la quiebra en la confianza del ciudadano en el modelo que representa el gobierno y eso abre unas ventanas amplísimas con cristales muy claros de oportunidad para articular una alternativa que es en lo que estamos trabajando muchos ahora. Recién nosotros creamos lo que llamamos el Consejo para la Transición Democrática en Cuba que une alrededor de 30 y tantas organizaciones políticas, de la sociedad civil, activistas independientes, justo para desarrollar una agenda para conectar con la sociedad y proponer una serie de pasos, un plan de acción que nos lleve a la democratización, a una democratización estratégica, pensada y ordenada, y ahora se abre una oportunidad inmensa porque el pueblo cubano se ha expuesto. Yo creo que es la hora de trabajar duramente. Yo estuve, por ejemplo, detenido el día domingo 11 de julio, cuando las manifestaciones, junto a otro colega mío, Amaury Pacheco, del movimiento San Isidro, nos llevaron y nos detuvieron por espacio de un día y ahí interactuamos con una cantidad de jóvenes que se asombraron de conocernos y dijeron: estamos dispuestos cuando salgamos de aquí a conectarnos con la agenda política de la que ustedes están hablando. Yo creo que se abre un camino de esperanza para el cambio democrático más temprano que lo tarde que muchos imaginamos.

 

PERFIL

Manuel Cuesta Morúa, licenciado en Historia, de 59 años. Coordinador de la Plataforma Nuevo País y portavoz del grupo político Partido Arco Progresista. Ha sido conferencista internacional y ha sido encarcelado varias veces por la dictadura castrista.