De la evolución del Barça en los últimos años, podemos sacar algunas lecciones para el mundo de las empresas. Pero sin exagerar, porque la analogía entre el fútbol y la empresa tiene sus límites. Lo que rodea a un club de fútbol de este nivel no tiene parangón corporativo posible.

Opinión

Fútbol: Lecciones para las empresas

Sherman Calvo / Empresario

lunes 24, agosto 2020 • 12:00 am

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De la evolución del Barça en los últimos años, podemos sacar algunas lecciones para el mundo de las empresas. Pero sin exagerar, porque la analogía entre el fútbol y la empresa tiene sus límites. Lo que rodea a un club de fútbol de este nivel no tiene parangón corporativo posible.

Aunque soy madrilista (y aliancista de corazón), no me cabe duda de que el Barça viene de escribir el ciclo más glorioso de su historia. Los culés han disfrutado como nunca los barcelonistas. El Barça de Guardiola y algunas temporadas más ha sido, con el Milán de Sacchi, seguramente con el Ajax de Cruyff, el Brasil de Pelé y el Real Madrid de Di Stefano. En términos de empresa no dudaríamos en hablar de excelencia. ¿Qué ha podido pasar para que un equipo estelar como ninguno caiga en la mediocridad? Pues lo mismo que ha sucedido a muchas empresas, que de tanto relamer sus glorias, hoy ya no existen, o viven muy disminuidas. Xavier Marcet propone algunas reflexiones que han tenido su espoleta en la derrota escandalosa del Barça ante el Bayern de la Copa de Europa, pero que son bastante anteriores.

Les comparto la inspiración que ha supuesto para mí, por si a alguien le puede interesar. La importancia de la consistencia. Las empresas son consistentes cuando saben imponerse a sus propios éxitos de un modo sostenido. Lo consistente es adaptarse. Lo inconsistente es exprimir inercias que fueron gloriosas en el pasado pero que no podían ser eternas. No adaptarse, no saber gestionar los éxitos que vienen del pasado con la adaptación a un mundo que cambia lleva al desastre. No tener tiempo para innovar y, sobre todo, no tener una organización preparada para innovar y adaptarse es letal a medio plazo.

Las empresas muy a menudo hacen tonterías. Saben ganar dinero, pero no saben gastarlo. Igual que el Barça ha fichado con pésimos resultados en los últimos años con fiascos descomunales. A las empresas también las matan sus tonterías. El gran Barça de Guardiola lo hicieron gente que procedía de la Masía: Puyol, Xavi, Iniesta, Piqué, Busquets, Valdés, Pedro, Messi. Profesionales con determinados valores y la mayoría de ellos con la cabeza razonablemente amueblada. Pero con el tiempo, la autocomplacencia fue más importante que la humildad. La humildad cimienta los equipos mucho mejor que la arrogancia.

Las empresas necesitan un Puyol que ponga a cada uno en su sitio en el vestuario y que recuerde que, por encima de las individualidades, hay un propósito que las trasciende. La diferencia está en los detalles y en el nivel de autoexigencia.  Abandonar la fórmula genuina acostumbra a llevar al desastre. Coca-Cola lo probó y lo pagó muy caro, aunque después supo aprender. El Barça abandonó su modelo basado en la cantera, en su famosa Masía. Es como en las empresas, cuando tienen una propiedad consolidada buscan trayectorias de rentabilidad a largo plazo y saben que habrá años malos pero que los ciclos serán buenos. Innovan porque quieren perdurar.

Las disrupciones empresariales siempre empiezan por las periferias del negocio, en rincones donde cuesta hasta pasar la escoba. Hay un libro reciente de la gran Rita McGrath titulado “Seeing around corners”, que explica cómo detectar los puntos de inflexión en los negocios antes que sucedan. Es decir, hacia dónde hay que mirar para que no nos sorprendan disrupciones que nos lleven por delante como el Bayern arrasó inmisericorde al Barça.


Gestionar el talento en contextos de grandes éxitos empresariales o deportivos es muy complicado. Pero las organizaciones de talento son fluidas, cuando se vuelven estanques con poca renovación, declinan. Los liderazgos son determinantes. En el campo o en la trinchera comercial. En las juntas de los clubs o en los consejos de administración.

Sin líderes consistentes es muy difícil crear organizaciones consistentes. Líderes con gran ambición corporativa (o deportiva) y con gran humildad personal. Líderes sin mal de altura. Honestos. Accesibles. Que sirvan con el ejemplo, nada más. Lo difícil en la vida son las transiciones. Cómo aprendemos y desaprendemos y cómo reordenamos nuestras capacidades para ser capaces de crear nuevas oportunidades y aprovecharlas para regresar a ser organizaciones realmente consistentes. No es suficiente con tener un producto ganador o al mejor jugador del mundo, es el conjunto de personas lo que debe ser consistente.