Donald Trump perdió las elecciones presidenciales en Estados Unidos, pero sigue insistiendo en que hubo fraude electoral, sin aportar ninguna prueba más que su necedad y su frustración. Sus más cercanos y algunos seguidores le creen y siguen protestando, incluso creyendo que en realidad hubo fraude cuando todo indica que las elecciones en las que ganó la presidencia Joe Biden fueron completamente transparente. Hacer acusaciones de fraude sin pruebas, más que por el malestar de no haber ganado las elecciones es irresponsable y hasta temerario, pues incita a la violencia política y atenta contra el sistema de legitimación democrática. Casi siempre son los perdedores los que antes, durante y después de los procesos hablan de fraude sin contar o aportar evidencias. A veces hacer referencia al fraude es solo una forma de hacer presión y de adelantarse a una posible derrota o, como en la mayoría de los casos, manipular a los adeptos.

Opinión

Fraude electoral, la cantaleta de siempre

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 1, diciembre 2020 • 12:00 am

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Donald Trump perdió las elecciones presidenciales en Estados Unidos, pero sigue insistiendo en que hubo fraude electoral, sin aportar ninguna prueba más que su necedad y su frustración. Sus más cercanos y algunos seguidores le creen y siguen protestando, incluso creyendo que en realidad hubo fraude cuando todo indica que las elecciones en las que ganó la presidencia Joe Biden fueron completamente transparente. Hacer acusaciones de fraude sin pruebas, más que por el malestar de no haber ganado las elecciones es irresponsable y hasta temerario, pues incita a la violencia política y atenta contra el sistema de legitimación democrática. Casi siempre son los perdedores los que antes, durante y después de los procesos hablan de fraude sin contar o aportar evidencias. A veces hacer referencia al fraude es solo una forma de hacer presión y de adelantarse a una posible derrota o, como en la mayoría de los casos, manipular a los adeptos.

Es demasiado peligroso adelantarse a los hechos y sin prueba alguna denunciar un fraude, porque los seguidores de un partido o un candidato a veces no contemplan razones y creen a fe ciega, aunque sea evidente que simplemente es una manipulación. Denunciar un fraude ya consumado o por consumarse debería ser un delito si no se aportan pruebas indiciarias. Casi siempre quienes denuncian un fraude en un proceso eleccionario son los que no respetan las normas o no están dispuestos a someterse a las reglas del juego. Recordemos que en las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos, Donald Trump obtuvo la mayoría en el Colegio Electoral, pese a que hubo más estadounidenses que votaron en contra suyo, pues fue Hillary Clinton la que obtuvo mayoría popular. Nadie habló de fraude porque las partes respetaron las reglas de la democracia.

En El Salvador ya se comenzó a hablar de fraude y al igual que Trump, no han aportado ningún tipo de pruebas. Fraude no es que le nieguen la inscripción a alguien porque no cumple los requisitos establecidos, al contrario eso es respetar la ley.  En algunos casos las denuncias de fraude son porque no hubo inscripción por haber incumplido los requisitos legales. En este caso me parece que no hay fraude, pues éste se diera si se inscriben a quienes incumplen esos requisitos, aunque los mismos sean tan simples como presentar una partida de nacimiento o una solvencia determinada.

Actualmente muchos que intentaron ser candidatos independientes a diputado aseguran que hubo fraude porque no les inscribieron. Pues con pruebas deben acudir a las instancias superiores al Tribunal Suprema Electoral, como es la Sala de lo Constitucional, pues no es justo que  magistrados electorales les coarten su derecho a buscar un cargo de elección popular. Las denuncias deben hacerlas correctamente y acudir a las instancias correspondientes, para defender sus derechos y hacer prevalecer la democracia.

Otros han asegurado que hay fraude porque la inscripción no ha sido automática y pretenden ser inscritos sin cumplir algunos requisitos mínimos. Fácil, cumplan con todo lo que el Código Electoral ordena y si aun así no los inscriben, pues acudan a la Sala de lo Constitucional, donde seguramente se les amparará.

Todos los ciudadanos, candidatos, partidos políticos y funcionarios, tenemos derechos a participar en las elecciones, ya sea buscando cargos de elección o siendo parte de la masa votante, por ende cualquiera puede denunciar un fraude pero siguiendo el debido proceso y aportando evidencias congruentes. No es justo aprovecharse de un cargo para manipular o tratar de manipular a la opinión pública con falsos señalamientos.


De nadie es desconocido que El Salvador ha sido escenariode decenas de fraudes electorales dados desde una mesa electoral hasta en el seno del TSE; sin embargo, descalificar un proceso a priori, sin evaluarlo o analizarlo concienzudamente es negativo. No es lo mismo que un ciudadano de a pie diga que hay o habrá fraude electoral a  que lo diga un presidente de la república, un dirigentes partidario, un candidato o un líder generador de conciencias. Hay que aportar pruebas y seguir el debido proceso para no manipular a los públicos.

Estoy seguro que si Trump hubiera ganado las elecciones, fuese el primero en desechar cualquier tipo de fraude. Igual en El Salvador, quien gane las elecciones en los municipios o en el parlamento, no hablará de fraude, excepto si no logra la cantidad de diputados que desean. Hay que ser responsables, denunciemos fraudes pero con evidencias, de lo contrario no hagamos cantaleta.