Opinión

Francisco necesita una escuela Numerosos estudios han concluido que el cierre de escuelas no provee protección adicional significativa a la salud.

Dr. Alfonso Rosales Médico / Epidemiólogo

lunes 23, noviembre 2020 • 12:20 am

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Francisco tiene 14 años, vive a dos kilómetros del pueblo de El Cuco, en el municipio de Chirilagua, departamento de San Miguel. Desde hace más de 8 meses no asiste a la escuela. Cerrada la escuela por el virus, su cuarto grado perdido. Las clases semanales en línea publicadas por el Ministerio de Educación, que su madre le imprime cada semana en el internet del pueblo, muchas veces difíciles de entender para ella, limita el apoyo que ella le puede brindar. Según su madre, un año perdido para Francisco, a pesar de su esfuerzo y el del niño.

Un año perdido para nuestra sociedad, para el desarrollo de nuestro país. En El Salvador, el sistema educativo público se encuentra cerrado desde febrero de este año, muy grave para el futuro de nuestro país pero más grave aún es la ausencia de discusiones serias en la búsqueda de alternativas o “ideas nuevas” para abrir las escuelas. Persiste la tendencia en el manejo de esta pandemia a la implementación de intervenciones fáciles pero arcaicas.

Michael Martin, el primer ministro de Irlanda, dijo recientemente que, aunque su país no podía evitar el imponer restricciones, aun a pesar del impacto en detrimento de su economía, era vital mantener las escuelas abiertas. “Nosotros no podemos ni permitiremos que el futuro de nuestros niños y jóvenes sea otra víctima de esta enfermedad. Ellos necesitan su educación”, dijo durante una reciente conferencia de prensa. Francia, Alemania y España también han mantenido su sistema educativo abierto, durante esta nueva ola de infecciones, aun a pesar de la imposición de restricciones severas. Alrededor del mundo, más y más países están evitando a toda costa cerrar el sistema educativo para niños y jóvenes, a pesar del aumento de la circulación del virus. Mantener los sistemas de educación cerrados, roba a nuestros niños de un futuro.

El cierre de las escuelas, en vista de la aparente mayor resistencia a la infección por el coronavirus en la población menor de 19 años, es controversial. Más aun cuando el daño social y económica de nuestra juventud, es, con mucho, mayor que el daño sanitario. A medida que vamos entendiendo mejor el comportamiento del coronavirus y a través de investigaciones epidemiológicas, ahora sabemos que, con precauciones apropiadas, la tasa de transmisión del coronavirus en las escuelas es relativamente baja, especialmente en los estudiantes de menor edad.

Sabemos también que los niños y jóvenes presentan cuadros sumamente leves de covid-19 y que medidas como el uso de mascarillas, distanciamiento físico y circulación apropiada de aire son más efectivas que anteriormente pensado. Esto no quiere decir que las escuelas no imponen un riesgo. Estudiantes y maestros, sin las medidas de protección adecuadas, corren riesgo de contagiarse ellos y transmitirlo posteriormente a sus familias. No hay respuestas perfectas, pero los daños irreparables a generaciones futuras se tienen que balancear con el riesgo sanitario. El Centro Europeo para la prevención de enfermedades (CDC Europeo) encontró que los niños contribuyen con menos del 5 % de infecciones en 27 países europeos. En nuestro país y, de acuerdo con datos publicados por el Ministerio de Salud, menos del 4 % de infecciones de coronavirus son reportados en menores de 19 años.


Numerosos estudios han concluido que el cierre de escuelas no provee protección adicional significativa a la salud de niños y jóvenes. La gran mayoría de países desarrollados solamente promueven el cierre de escuelas si la prevalencia de infecciones supera 50 por 100 mil habitantes. Nuestro país exhibe al momento una tasa de infección menor a 40 por 100 mil, no hay crecimiento exponencial de la epidemia, y su sistema de salud es funcional. ¿Existe una razón epidemiológica para mantener el sistema educativo cerrado en El Salvador?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda, en el contexto de la pandemia, el priorizar la continuidad de la educación mediante la inversión en medidas amplias y de múltiples niveles. Es urgente que tanto el Ministerio de Educación como el Ministerio de Salud organicen plataformas inclusivas de discusión para diseñar e implementar un plan para la reapertura de las escuelas en nuestro país. Es lo correcto y lo inteligente para nuestro país.