Con mariachis, rosas y galletas el alcalde de San Salvador, Ernesto Muyshondt, agasajó ayer a las mamás en el pabellón 10 del Mercado Central. Tras un recorrido por el centro de abastecimientos, el jefe edilicio reconoció el trabajo y el aporte de las madres salvadoreñas, mismas virtudes que también recordaron ayer cientos de capitalinos que acudieron a los cementerios para adornar las tumbas de sus progenitoras.

Nacionales

Flores y mariachis para las madres trabajadoras

Roxana Lemus

sábado 11, mayo 2019 • 12:03 am

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Con mariachis, rosas y galletas el alcalde de San Salvador, Ernesto Muyshondt, agasajó ayer a las mamás en el pabellón 10 del Mercado Central. Tras un recorrido por el centro de abastecimientos, el jefe edilicio reconoció el trabajo y el aporte de las madres salvadoreñas, mismas virtudes que también recordaron ayer cientos de capitalinos que acudieron a los cementerios para adornar las tumbas de sus progenitoras.

Según decreto legislativo, cada 10 de mayo en El Salvador se celebra el Día de la Madre, ocasión que aprovechó Muyshondt para honrar a las mamás, a través de detalles y un breve discurso en el Mercado Central. “Ustedes son la base de nuestras familias y las familias la base de nuestra sociedad. A ustedes les debemos porque juegan ese doble rol, el de trabajar por nuestra ciudad, por su gente, y al mismo tiempo formar a sus hijos y darles a nuestras futuras generaciones un porvenir próspero”, dijo.

Entre las agasajadas se encontraba Ena Barahona, comerciante de gabachas de plástico, quien sola, educó a sus tres hijos, luego que su esposo la abandonara hace más de 25 años. “Ya terminé de vender, vendí dos docenas de gabachas y ahora voy a disfrutar aquí”, expresó. Aunque en los mercados capitalinos se respiraba alegría, en los cementerios de la ciudad gobernaba la tristeza y melancolía, pese a las interpretaciones de los mariachis. Ana Yaneth Callejas, originaria de Ciudad Delgado, visitó ayer el camposanto La Bermeja, donde reposan los restos de su madre, quien falleció hace tres meses.

“Mi madre era luchadora”, recordó al colocar con delicadeza y lágrimas las últimas flores alrededor de la lápida. El dolor por la pérdida también fue manifestado por David Enrique Galán, quien el pasado 1 de mayo sufrió por la muerte de su tatarabuela. “Es que yo la quería, por eso le pongo flores”, dijo -con una inocente voz- el pequeño de cinco años.

 

 


El pequeño David Enrique Galán adornó la lápida de su tatarabuela. / Wilson Urbina