Opinión

Flor, víctima de la violencia intrafamiliar

Jaime Uises Marinero/ Periodista @ulisesmarinero

martes 6, julio 2021 • 12:00 am

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Flor María García, de 33 años, era una hermosa mujer, madre de dos niños, residente en Cojutepeque con su esposo Joel Omar Valle Leiva, un odontólogo que tenía su clínica en la ciudad, donde precisamente trabajaba su esposa.

Aparentemente el 15 de marzo pasado Joel mató a su mujer y luego pidió ayuda a su primo Francisco Boanerges Valle Quezada para deshacerse del cadáver, el cual decidieron lanzarlo en un botadero de ripio en la finca La Paz de Cojutepeque. 

El odontólogo denunció la desaparición de su mujer hasta el 16 de marzo dando una versión poco creíble. Demasiadosospechosa. Señaló que su mujer había salido a eso de las 6:30 de la mañana rumbo a San Salvador, en autobús, para ir al cajero a retirar $2,500 dólares y luego ir a comprar medicamentos que hacían falta en la clínica. Además contó a los policías que Flor había salido sin su celular porque estaba descargado ya que se le había olvidado cargarlo en la noche, y que no sabía cómo andaba vestida porque cuando su mujer salió él quedó dormido.  Flor tenía vehículo y según los vecinos no le gustaba andar en autobús. Obviamente si iba a andar dinero en efectivo es de dudar que hubiese preferido salir en autobús. Si ella sabía que iba a viajar a San Salvador lo más probable es que pusiera a cargar su teléfono desde la noche anterior, y respecto a que él quedó dormido es una coartada inverosímil porque alguna indicación sobre los medicamentos debió darle tomando en cuenta que él es el odontólogo.

Tras la investigación de la Fiscalía y la PNC, Joel y su primo fueron capturados. Al principio por desaparición forzada de personas y luego por feminicidio  agravado y complicidad al encontrarse el cadáver de la joven. El Juzgado Segundo de Paz de Cojutepeque les ordenó detención y pasó el caso al Juzgado Especializado por una Vida Libre de Violencia y Discriminación hacia la Mujer (en San Salvador) donde Joel podría enfrentar una pena de hasta 50 años de cárcel si se ratifican con pruebas que él fue el feminicida. Su primo podría enfrentar una pena de varias décadas de prisión.

La historia de Flor es excesivamente triste y genera una ira indescriptible porque como es posible que haya tanta maldad acumulada en un hombre. Matar a una mujer y dejar huérfanos de madre a sus propios hijos es realmente una acción de alguien extremadamente malo. Sus vecinos y familiares aseguran que desde que la pareja comenzó a vivir junta hubo violencia intrafamiliar. Ella sufría todo tipo de violencia por parte del padre de sus hijos, pero nunca se atrevió a denunciarlo.


No se puede juzgar a Flor por no haber denunciado ante las autoridades las agresiones que sufría constantemente, empero queda demostrado que la violencia intrafamiliar es el origen de muchas desgracias. En este caso la muerte de una joven, la orfandad de dos niños, el dolor de una familia y la rabia de una sociedad que está harta de tanta violencia.

Desgraciadamente el costo de callar estas agresiones ha sido muy caro y doloroso. Las mujeres y todos los salvadoreños debemos aprender de una vez por todas que no debemos callar. Casi todos los casos de feminicidios han sido presididos de violencia doméstica. Todos recordamos el caso de la colega periodista Karla Turcios, asesinada por su compañero de vida quien ya fue condenado a 50 años de prisión. Karla también sufrió violencia y por alguna razón prefirió callar. También recordamos el caso de Jocelyn Abarca, asesinada por su compañero después de un largo historial de agresiones.

Probablemente Jocelyn y Karla, como cientos de mujeres asesinadas por sus novios,  esposos o compañeros de vida, estuvieran con vida si hubieran denunciado a tiempo. Sus vidas eran valiosas y fueron arrebatadas por desalmados que perdieron la cordura y causaron intenso dolor.

Mujeres no callen la violencia intrafamiliar, por su sanidad mental, por amor a sus hijos, por conciencia y por bienestar de su familia  denuncien todo tipo de agresión. Si lo permiten una vez los hombres continuarán abusando hasta convertir en rutina la agresión que, en el peor de los casos, terminará con un feminicidio.  Una agresión puede comenzar  con una broma o con un grito innecesario, pero jamás puede terminar de buena manera. Muchas mujeres pueden salvar su vida si tan solo se atrevieran a denunciar ante la PNC, la Fiscalía, los Juzgados, la PGR, las organizaciones no gubernamentales o cualquier institución responsable. Mujer sé valiente y denuncia, en tus manos está salvar tu vida.