Como aberrante podemos calificar la actual ola de feminicidios (asesinato de mujeres) que, según cifras expuestas por los jefes principales de la seguridad pública salvadoreña, ya superan al número registrado el año anterior. Lo esencial no reside en la pronta captura de los victimarios, sino en que desde hace tiempo se debieron tomar medidas prácticas de prevención y protección de nuestras mujeres, incluyendo en este concepto a las niñas menores de 18 años.

Opinión

Feminicidios: una tragedia nacional

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

martes 1, mayo 2018 • 12:00 am

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Como aberrante podemos calificar la actual ola de feminicidios (asesinato de mujeres) que, según cifras expuestas por los jefes principales de la seguridad pública salvadoreña, ya superan al número registrado el año anterior. Lo esencial no reside en la pronta captura de los victimarios, sino en que desde hace tiempo se debieron tomar medidas prácticas de prevención y protección de nuestras mujeres, incluyendo en este concepto a las niñas menores de 18 años.

Por regla general, según la Criminología, todo acto de violencia extrema contra una persona del género femenino no debe quedar impune, o, por lo menos, sin conocimiento de las autoridades policiales y judiciales, quienes, a su vez, deben elaborar planes de seguimiento al caso en el hogar, lugar de trabajo o escuela; dar charlas instructivas de prevención, defensa personal o crear un sistema de auxilio policial rápido, ya que muchas veces, un acto de violencia conyugal, por ejemplo, o el desaparecimiento de una mujer que se avisa, la autoridad toma mucho tiempo en hacerse cargo del  asunto, tal vez cuando ya es muy tarde para evitar el desenlace fatal o feminicidio.

Para difundir esta voz de alerta desde ahora mismo, debe existir una labor educativa, apoyo religioso y, por supuesto, formar parte de los programas impulsados por asociaciones dedicadas a la promoción óptima de la mujer, como el emprendurismo laboral o empresarial; ninguna mujer al ser insultada, agredida físicamente o violada sexualmente, no debe quedarse callada y ninguna autoridad policial o de justicia, debe hacer oídos sordos a estas denuncias y prestar toda su cooperación a la víctima, incluso para evitarle represalias del agresor. Necesitamos que la justicia en el país sea accesible, con amplitud, para mujeres y niñas, combatiendo la impunidad, atendiendo con interés y prontitud cualquier violencia sexual, conflicto conyugal, maltrato de padres a hijas, o de maestros contra niñas escolares.

La lucha antifeminicida, desde ya auguramos que será ardua, pero es necesario implementarla cuanto antes. No basta con endurecer leyes especiales o los Códigos Penales. Es necesario que haya una auténtica y palpable acción práctica de las autoridades y de la sociedad.

Para nadie es un secreto que en nuestro país, como en muchísimos del mundo, predomina la cultura patriarcal que llega a lindar con el machismo. Desde la niñez, a los varones les prohíben jugar con muñecas como sus hermanitas, o les imparten aquella enseñanza de que “los hombres no deben llorar”. Pero, aparte de esas cuestiones, la misma educación que aún se recibe, aunque ha tenido avances en superar barreras genéricas, siempre se concede a nosotros los hombres un rol de mayor importancia en cargos directrices, en decisiones políticas, e incluso, nuestra palabra o voluntad se considera válida hasta para remodelar la casa familiar. Solo veamos un caso real: del número total de diputados al parlamento, el porcentaje de mujeres es inferior al de los hombres que ejercerán esa función pública en los próximos tres años. Por eso, otra medida que prevenga hechos agresivos contra mujeres es que los gobiernos y comunidades luchen por invertir ese tipo machista de educación (tanto formal como informal), impulsando la igualdad entre géneros y lograr, cada día más, el óptimo empoderamiento de las mujeres, en todas las actividades de la vida hogareña y social de El Salvador. Está ampliamente comprobado por la Psicología que el cociente intelectual (IQ o CI), son similares en hombres y mujeres. La excepción son los hombres o mujeres geniales.

Existen muchas otras causas, aparte de las ya mencionadas en líneas arriba, por lo que las mujeres deben estar “atentas” a ciertas actitudes o conductas del esposo o compañero de vida: frecuencia en la ingesta de bebidas embriagantes para originar riñas injustificadas; demasiado apego emocional hasta llegar a los celos infundados; dependencia económica del marido al salario de la mujer, pretextando no encontrar empleo acorde a sus capacidades (“mantenidos”); intolerante ante cualquier situación frustrante en el hogar (por ejemplo, que por razones de trabajo, la mujer llegue tarde a casa o salga muy temprano), etcétera. ¡Por los huérfanos, por hogares destruidos, por las heridas morales en las familias afectadas y por el horror que nos provocan, los feminicidios deben considerarse ¡una tragedia nacional!