Hoy se celebra el Día de la Tierra, y casualmente mi cumpleaños 47. Todos los años por estas fechas se nos invita a reflexionar sobre nuestro impacto (positivo o negativo) en el rescate, conservación y protección de los recursos naturales. A simple vista los avances en materia de medio ambiente son escasos, y a juzgar por las políticas, leyes y presupuestos aprobados en el país no ha sido una materia prioritaria para los gobernantes y los ciudadanos salvadoreños. Por ejemplo, para el 2021 de cada $100 del presupuesto general de la nación, solo $0.33 serán asignados para el Ministerio de Medio Ambiente.

Opinión

22 de Abril: ¿Estamos a tiempo? ¿hay voluntad? El Salvador parece repetir la misma triste historia cada año en materia ambiental y prevención de desastres naturales.

Roberto Rivera Ocampo / Consultor en desarrollo y políticas públicas @RobertoMOcampo

jueves 22, abril 2021 • 12:00 am

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Hoy se celebra el Día de la Tierra, y casualmente mi cumpleaños 47. Todos los años por estas fechas se nos invita a reflexionar sobre nuestro impacto (positivo o negativo) en el rescate, conservación y protección de los recursos naturales. A simple vista los avances en materia de medio ambiente son escasos, y a juzgar por las políticas, leyes y presupuestos aprobados en el país no ha sido una materia prioritaria para los gobernantes y los ciudadanos salvadoreños. Por ejemplo, para el 2021 de cada $100 del presupuesto general de la nación, solo $0.33 serán asignados para el Ministerio de Medio Ambiente.

El Salvador parece repetir la misma triste historia cada año en materia ambiental y prevención de desastres naturales. Esa historia está marcada por la improvisación y la atención de los desastres únicamente cuando su magnitud es demasiado grande. Nunca hemos tenido un verdadero plan y una estrategia de prevención de riesgos ante eventos climáticos severos. Muchos de los desastres naturales son prevenibles dado que son provocados por la intervención no regulada del hombre.

Todos los años hay casos como el deslave de Nejapa del 29 de octubre de 2020 donde 105 familias resultaron afectadas, 35 personas fueron reportadas desaparecidas y 7 personas murieron. Las causas pueden ser múltiples y aún no han sido establecidas, sin embargo, queda claro que ningún salvadoreño debería vivir en una zona de alto riesgo. En 2018, solo en San Salvador eran unas 24,000 personas las que vivían en esa situación. Cada día son más las personas provenientes muchas de ellas del interior del país que se ven obligadas, por la situación económica, a instalarse en zonas aledañas a ríos y quebradas.

La situación de nuestra tierra es crítica, los acuerdos globales parecen demasiado lejanos y cada año se postergan porque los intereses políticos y económicos se anteponen. En El Salvador, si bien hay esfuerzos de algunos actores de poner en la agenda pública el tema medio ambiental, ellos carecen de fuerza y se quedan como iniciativas de “buena voluntad” sin respaldo político. El cambio climático es inminente, aunque algunos lo quieran negar sus consecuencias nos deberían preocupar a todos. Están claras las verdaderas causantes de dicho cambio, pero las instituciones no reaccionan con la celeridad y contundencia que la crisis ambiental requiere.

Ya es hora de pasar de las tradicionales campañas en donde se nos dice “deposite la basura en su lugar”, a medidas drásticas con consecuencias severas para los infractores que contaminan el ambiente, acompañadas de inversión en infraestructura adaptada para el impacto ambiental, y de incentivos y facilidades para la adquisición de tecnología limpia, entre otros. El crecimiento sin planificación de las ciudades, el cambio de uso de suelo, el uso de combustibles fósiles, la falta de tratamiento de las aguas negras y servidas, son una bomba de tiempo en El Salvador.

Lo más difícil es romper con una cultura de improvisación, de falta de planificación y de negación del problema. Muchos siguen viendo los problemas ambientales a largo plazo, lo cierto es que ya están aquí, nos toca aprender a vivir con ellos y prepararnos para las crisis climáticas futuras. En ese sentido, a mi juicio hay sectores estratégicos de alta prioridad para soportar lo que se viene: agua potable y saneamiento, industria cada vez más verde, infraestructura resiliente, agricultura y movilidad sostenibles, tecnología para desarrollar modelos climáticos futuros que ayuden a prevenir desastres y desarrollar las intervenciones estatales. Pero nada de esto pasará si no se planifica. ¿Estamos a tiempo? Siempre se puede hacer algo. El Salvador, por su tamaño, podría rápidamente desarrollar intervenciones de alcance nacional y convertirse en un país pionero y encabezar la lucha contra el cambio climático. La gran pregunta es ¿Hay voluntad?