Según el banco de datos públicos de la Oficina de Acceso a la Información de la Policía Nacional Civil (PNC), en los primeros seis meses de este año El Salvador registró 3,805 delitos sexuales, de los cuales 1,723 fueron contra niñas y adolescentes, lo que de acuerdo con las consideraciones de los niveles  internacionales, es una epidemia de crímenes sexuales contra niñas.

Opinión

Epidemia contra niñas y adolescentes

Jaime Ulises Marinero / Periodista @ulisesmarinero

martes 10, agosto 2021 • 12:00 am

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Según el banco de datos públicos de la Oficina de Acceso a la Información de la Policía Nacional Civil (PNC), en los primeros seis meses de este año El Salvador registró 3,805 delitos sexuales, de los cuales 1,723 fueron contra niñas y adolescentes, lo que de acuerdo con las consideraciones de los niveles  internacionales, es una epidemia de crímenes sexuales contra niñas.

Oficialmente, según la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples del Ministerio de Economía, hasta  el año 2020 en El Salvador teníamos 965,293 habitantes menores de edad, lo que indica que por cada 100 mil niñas o adolescentes se produjeron un promedio de 178.5 delitos sexuales. La media indica que entre enero u junio de este año se produjeron 9.5 delitos sexuales  diarios contra niñas y adolescentes.

La norma internacional considera como epidemia de delitos sexuales cuando se dan más de 10 casos por cada 100 mil habitantes. Para nuestra desgracia El Salvador supera con creces ese promedio. Los registros policiales señalan que en el primer semestre 785 fueron casos de agresiones sexuales contra adolescentes de edades entre 15 y 17 años, mientras que 938 casos contra niñas de cero a 14 años.

Los datos oficiales asustan a cualquiera, pero esas cifras se quedan cortas con nuestra verdadera realidad. Cientos o miles de casos de agresiones sexuales contra nuestra niñez no se denuncian por muchos factores, entre ellos el temor, el desconocimiento y el factor cultural. En la zona rural, especialmente, hay lugares donde se ve como algo natural o normal que adolescentes salgan embarazadas producto de una agresión sexual o de una relación marital no apropiada.A veces incesto.

En muchos casos el agresor sexual es alguien conocido de la víctima, incluso su pariente cercano. En la mayoría de las situaciones se da una amenaza de muerte o cualquier tipo de intimidación, que lleva a que muchas víctimas callen y que denuncien años después hasta que son adultas. Afortunadamente este delito no prescribe. En un juicio celebrado en Chalatenango, se conoció que la madre le decía a su hija que no denunciara las violaciones de su padre, porque lo meterían preso y ya nadie les ayudaría para el sostenimiento de la familia. La joven se atrevió y su padre fue condenado a más de 20 años de cárcel.

Por supuesto no solo las niñas y adolescentes son víctimas de agresores sexuales. También lo son los niños y las mujeres adultas. Adultos que se aprovechan de la inocencia de los pequeños u hombres acomplejados que toman por la fuerza a mujeres adultas. Basta con saber que entre los principales demandados por agresiones sexuales están los policías, profesores, pastores, entre otros.


Casi siempre el patrón es el mismo. El agresor es alguien conocido (a veces muy cercano, como el padre, el hermano, el tío, el abuelo, el primo, etc.), un desquiciado o un delincuente consumado. Hace unos seis años conocí el caso de un hombre en silla de ruedas y casi con inmovilidad completa, pero que aun así fue capaz de violar a su nieta que aún no cumplía el año. Los jueces le impusieron 12 años de cárcel a este hombre que desde su inmovilidad clamaba perdón por su atroz delito.

Un alto porcentaje de las agresiones sexuales se producen por intermediación de las redes sociales. Víctima y victimario se conocieron a través de las redes, planearon un encuentro para conocerse y éste terminó en una violación. Los padres de familia somos responsables de cuidar las relaciones virtuales de nuestros hijos, no se le puede permitir a un niño o una niña manejar redes sociales sin que nosotros conozcamos con quienes se relacionan o a que sitios ingresan. Un amigo abogado se dio cuenta que su hija de 14 años, motivada por otros adolescentes, subía videos eróticos a través de una cuenta virtual y los distribuía entre sus “amigos”; al castigarla, su hija estuvo a punto de suicidarse por lo que hubo que someterla a un largo tratamiento psicológico.

Cuidemos a nuestros hijos (e hijas) menores de edad. Inculquémosle la cultura del respeto a los derechos humanos y alentémoslos para que denuncien cualquier agresión, desde un simple acoso hasta una violación. La familia, la iglesia, el sistema educativo, las organizaciones sociales, y toda institución está obligada a promover el respeto y la cultura de la denuncia, para que esa epidemia sea superada.  Nadie, absolutamente nadie, puede vulnerar los derechos de nuestra niñez y adolescencia, ni siquiera de las mujeres adultas, en materia sexual.