El exguerrillero y expresidente del Uruguay, José Mujica, acaba de expresar otra de sus lapidarias frases: “Los que ayer fueron revolucionarios, perdieron el sentido en la vida. Hay momentos que hay que decir: me voy.” Aunque la expresa después de 300 muertos nicaragüenses, se ajusta perfectamente a la actuación del gobernante asesino de jóvenes nicaragüenses y a sus homólogos que justifican la actuación de los grupos para-policiales.

Opinión

Entre sastres no se cobran hechuras

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 23, julio 2018 • 12:00 am

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El exguerrillero y expresidente del Uruguay, José Mujica, acaba de expresar otra de sus lapidarias frases: “Los que ayer fueron revolucionarios, perdieron el sentido en la vida. Hay momentos que hay que decir: me voy.” Aunque la expresa después de 300 muertos nicaragüenses, se ajusta perfectamente a la actuación del gobernante asesino de jóvenes nicaragüenses y a sus homólogos que justifican la actuación de los grupos para-policiales.

En la XXIV edición del “Foro de Sao Paulo” en La Habana, Cuba, otro exguerrillero y presidente salvadoreño sacó a flote su verdadero ADN ideológico, siguiendo el vergonzoso guion de esos foros realizados desde 1990, como estrategia de la izquierda ante el derrumbe del socialismo real, pero también, aprovechando el torpe comportamiento de las derechas mercantilistas que soslayaron la agenda social en  pasadas administraciones.

El excomandante Leonel dijo: “Respaldamos la decisión del presidente Ortega de mantener un diálogo respetuoso con la oposición. Existen procesos desestabilizadores para derrocar un gobierno legítimo en Nicaragua. Con nuestra unidad y sobre todo, en unión estrecha con el pueblo y sus organizaciones, derrotaremos los intentos de hacer retroceder la historia y las conquistas alcanzadas en duras jornadas de lucha”.

Mientras Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y la OEA condenan el accionar de los sicarios de Ortega, el presidente salvadoreño actúa en dirección opuesta a la racionalidad y buen juicio de sus homólogos latinoamericanos. El mismo día que el profesor brindaba su incondicional apoyo al asesino Ortega, grupos de choque arremetían en El Salvador contra actividades cívico-pacíficas de movimientos democráticos de la sociedad civil organizada.

Eso es maña vieja de la izquierda fundamentalista. Uno de los escalones de fuerza con los que el FMLN guerrillero apoyó su terrorismo fue el llamado “Ejército Político de las Masas de la Revolución”. Hoy lo activan con grupos de choque que operan a tono con la actual coyuntura para desmoralizar a la sociedad civil democrática organizada.

Recordemos que los comandos urbanos “Clara Elizabeth Ramírez” de las FPL tampoco se desmovilizaron, ni entregaron sus explosivos, ni su armamento, porque sus cuadros eran los más radicalizados e ideológicamente convencidos de la estrategia revolucionaria para la toma del poder político por la vía armada.


Medianamente conocedor de la ciencia política, comprendo la actitud del profesor en Cuba, por dos razones: 1º) Responde al lineamiento de su colectivo mayor. Actúa jerárquica y orgánicamente, bajo encuadramiento partidario. 2º) Va a tono con la estrategia de los Foros de Sao Paulo. “La izquierda debe proponerse la toma de todas las instituciones, no solamente la presidencia o las diputaciones. Es importantísimo la toma del poder judicial, los aparatos militares y los medios de comunicación”, ordenó el Foro de Sao Paulo realizado el año pasado en la ahora desangrada Managua.

La actitud del excomandante Leonel no representa un ápice del sentir y pensar de los salvadoreños, que rechazan a los tiranos o asesinos de la calaña de su “hermano” nicaragüense.

De ahí que la firmita de los partidos políticos tradicionales para un “Acuerdo de Nación”, es una trampa caza bobos, que los distrae de las actitudes del gobernante salvadoreño. Si no se ponen de acuerdo para nombrar Magistrados en la CSJ, mucho menos lo harán en cosas mayores. Es un parto que nació muerto, frente al proceso electoral venidero y frente a los actores internacionales que ingenuamente lo propician.

El diálogo racional, sincero, con genuina voluntad política es la salida, pero este solo será posible hasta que la corrupción política y sus actores cedan su puesto a gente honesta, con deseos de servir, en lugar de ver al Estado como la oportunidad para enriquecerse.

Mientras la corrupción política enquistada en los partidos tradicionales no se erradique, ningún acuerdo de nación será posible. El excomandante Leonel de las FPL, simplemente fue a ratificar a La Habana que entre sastres no se cobran hechuras.