Sociopolítica y electoralmente hablando el país camina en dirección a un caos inminente, en medio de grandes ineficiencias y derroches. Desde el 15 de julio no hay justicia constitucional y el presidente hace del veto su entretenimiento favorito, aunque nos expulsen del grupo Egmont. La frustrada elección de magistrados para la CSJ, el estudio  y aprobación del presupuesto estatal y el adelantado llamado para elegir al Fiscal General obliga a pensar en un “combo de cuotas”, entre otras razones, por las siguientes.

Opinión

Entre caos y combos

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 22, octubre 2018 • 12:00 am

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Sociopolítica y electoralmente hablando el país camina en dirección a un caos inminente, en medio de grandes ineficiencias y derroches. Desde el 15 de julio no hay justicia constitucional y el presidente hace del veto su entretenimiento favorito, aunque nos expulsen del grupo Egmont. La frustrada elección de magistrados para la CSJ, el estudio  y aprobación del presupuesto estatal y el adelantado llamado para elegir al Fiscal General obliga a pensar en un “combo de cuotas”, entre otras razones, por las siguientes.

1º) Interesa proteger los intereses (económicos e ideológicos) que están detrás de los tres partidos con mayor posibilidad de acceder a la presidencia.

2º) Oscuros personajes rodean al sujeto que busca romper el bipartidismo de las extremas políticas, responsables de la crisis sociopolítica del país.

3º) Hay cinismo legislativo para encarar el incumplimiento de sus deberes y arribar a acuerdos.

4º) La sociedad civil parece indolente, exceptuando algunas organizaciones (incluyendo la Academia) que emiten comunicados decentes, sustentados y recomendatorios, que a los legisladores les vale. Saben que la gente no se manifestará en las calles, a pesar de reconocer que la justicia constitucional y fiscal que algunos políticos buscan, es una que no castigue la presunta corrupción que salpica a más de un tercio de diputados.

5º) Las chistosas y paranoicas  intervenciones públicas de quien preside el TSE, solo son cinco minutos de fama a cambio de lograr sembrar más  desconfianza en los electores.


6º) La loca amenaza de amordazar los contenidos de los medios de comunicación. Proviniendo de un “gobierno de izquierda” nos haría regresar al modelo ultraconservador militarista, contra el cual se alzaron en armas.

La anulación del bipartidismo (materializado en la alianza ARENA-PCN-PDC-DS y la neo burguesía del FMLN) nos colocaría al borde de un nuevo modelo político y económico que nadie conoce. Decir que “el dinero alcanza cuando nadie roba” y luego comprar un partido, invisibilizarlo totalmente, sustituir sus colores, idearios y doctrina para que todo gire alrededor de un ungido, induce al lector pensante a reflexionar sobre dos innegables fallas de origen:

1º) Los fundadores del partido adquirido son consumados derechistas, que traicionaron y quisieron destruir al partido que los cobijó, creando una alternativa político-electoral salpicada del “saqueo público” por el que guarda prisión la mente que lo creó.

2º) Su candidato presidencial, después de ser expulsado de las filas marxistas leninistas, ahora se monta en un taxi de la falsa derecha. ¿Cómo explicarán semejantes contradicciones a sus votantes?

Nuestros jóvenes deberían hacer una lectura comprensiva de lo anterior, obligatoria para quienes los superamos en años. Es algo que definirá su futuro, ya  que no vivieron la guerra y  solo han visto el lado más oscuro  de la política tradicional. Si bien eso explicaría su entusiasmo hacia quienes ofrecen una nueva forma de hacer política, no deberían dejarse llevar por el emocionalismo, porque éste ciega el pensamiento político y conduce al fanatismo, expresado de manera grosera desde las redes sociales, que tendrán gran incidencia al estar al alcance de quienes tengan un teléfono celular. En el país esos aparatitos se cuentan por millones y superan en cantidad a la población.

Que los candidatos presidenciales asistan a debates públicos organizados por entes privados, expongan superficialmente sus ideas y hasta estrechen manos, son solo signos de hipócrita cortesía, que oculta los filosos puñales que cada uno tiene listo para hundirlo en la espalda de su rival a la menor oportunidad. La actuación de sus respectivas fracciones legislativas lo confirma.

Los candidatos deberían leer la última publicación del BID, que analiza el  gasto fiscal, las prioridades de nuestros países y contiene recomendaciones de cómo los gobiernos podrían hacer más con menos y combatir la corrupción.

Los partidos tradicionales nos han fallado. Otros ofrecen un paraíso celestial.  Nuestra juventud debería demandar de los candidatos presidenciales que expliquen las verdaderas razones del por qué les encanta vivir entre el caos y los combos.