¿Qué enseñanzas ha dejado todo este proceso que culminó con el fin de la guerra? Se proponen las siguientes para discutirlas en el marco del fluido pasado-presente-futuro.

Opinión

Enseñanzas en el proceso

Antonio Martínez-Uribe / Sociólogo Politólogo

martes 26, enero 2021 • 12:00 am

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¿Qué enseñanzas ha dejado todo este proceso que culminó con el fin de la guerra? Se proponen las siguientes para discutirlas en el marco del fluido pasado-presente-futuro.

Primero, señalar que en los procesos nacionales lo que tiene mayor peso es lo nacional. Cualquier intermediación, puede escaparse, si los factores nacionales claves no cooperan. Segundo, ni ayer, ni hoy, ni mañana, todo país podrá sobrevivir, resolver sus problemas y mejorar, si está bien acoplado con las corrientes planetarias determinantes. Esto es cierto para grandes países como Francia y, por supuesto, lo es para un “tiny country”. En la negociación resultó decisivo el rol de los Estados Unidos y la contribución de otros como España, Colombia, Venezuela y México.

Tercero, para pasar de la dictadura a la democracia no es necesario una previa toma del poder por las fuerzas insurgentes. Aquella concepción tan sustantiva, que planteaba la necesidad de la victoria política y militar del FMLN como condición sine qua non para iniciar un proceso democratizador, proveniente de sectores intelectuales, se mancilló. Fueron algunos líderes insurgentes o cabecillas de la oposición no armada, que ya se encontraban dentro del paisito, los que empezaron a modificar esta concepción. Hoy, parece que, más que de revoluciones con cambios espectaculares pero superfluos, se trata de evoluciones, innovaciones que casi no se ven, pero son inalterables.

Cuarto, ya no se debe ver el proceso político sólo a partir de ensalzar demasiado el rol de los protagonistas principales que hacen la política del ciclo. Hay que tomar en consideración el gran potencial creativo de los individuos en su conjunto. De aquí la importancia de reconocer que a partir de una inteligente iniciativa política producto de actores incluso desconocidos o no, y sin un afán de mostrarse como los más idóneos, puede desencadenarse o abrirse algo de más largo alcance en la medida de que generan fe y aviva la participación de otros nacionales e internacionales. Quinto, no todas las partes implicadas influyen igual. Esto también queda clarísimo a la luz del Pacto. Ciertamente la experiencia enseña que en un desarrollo ningún actor, por poderoso que sea, puede por sí solo determinar resultados. Algunos podrán tener más peripecia, más recursos para impactar a su favor, pero otros disponer de mayor carisma y sagacidad.

Y, por último, vista la dinámica social y política en toda su amplitud, vastedad y complejidad, la importancia de la ejecución de determinada jugada por parte de un sector de la sociedad, aunque este sea un importante factor de poder, es muy relativa. El escenario no es modificado a partir únicamente del dominio de iniciativas de las fuerzas que promueven un proyecto, sino también por la incidencia de otras opciones.

Todo esto forma parte de nuestra experiencia como país por cuanto que tiene validez para echarle ganas al futuro en mejor forma. El quid es, por un lado, cuanto talento tendrán las elites para producir alcances entre las diferentes formaciones, haciendo del consenso un componente primordial de la política nacional y no una simple transacción entre partes tratando cada una de obtener primacías particulares. Y, por otro, cuanta pujanza las organizaciones sociales para continuar modificando nuestra estructura institucional que, a pesar de las reformas acordadas, siempre aparecen como generadoras de más pobreza, corrupción, autoritarismo y miedo variables que no conducen al arraigo democrático.


El FMLN, a pesar de sus contradicciones internas, mostró, entonces, capacidad para moverse con acierto aprovechando la situación nacional e internacional. Negociando, a partir de claras y bien definidas acciones estratégicas (no siempre), con iniciativa y sentido de oportunidad, respaldándose para ello no sólo en su propia fuerza, sino que también en otros apoyos para robustecer sus demandas. Supo interpretar exigencias nacionales muy sentidas como, la más importante en aquel momento: terminar la guerra y realizar importantes reformas en la institución armada. Años ha, parece que el FMLN ha perdido este prestigio. O, quienes lo tenían murieron o, quizás ahora lo ponen al servicio de otras causas.