Muy parecida a la leucemia e igual de letal. Una árbol se ve sano, pero de pronto se comienza a amarillar hasta podrirse. Así funciona una enfermedad que enfrentan los productores de jocotes de corona desde hace dos décadas y que ya devoró el 20 % de los cultivos en El Salvador.

Economía

Enfermedad similar al cáncer carcome cultivos de jocote

Uveli Alemán

lunes 5, noviembre 2018 • 12:02 am

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Muy parecida a la leucemia e igual de letal. Una árbol se ve sano, pero de pronto se comienza a amarillar hasta podrirse. Así funciona una enfermedad que enfrentan los productores de jocotes de corona desde hace dos décadas y que ya devoró el 20 % de los cultivos en El Salvador.

Se trata de una enfermedad causada por un microplasma transmitido por las chicharras. En el occidente se conoce como ajobamiento, y apitarrallamiento para la región central y oriente. Con diferentes nombres pero iguales consecuencias devastadoras que “así como van no habrá jocotes para el próximo año”, advirtió Santo Liborio Flores, productor de San Vicente.

Aunque es alarmante, esa advertencia “no es exagerada”, agregó José María García, coordinador del Programa Frutales y Cacao del Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria y Forestal (Centa). Los primeros indicios de esta enfermedad se detectaron entre 1997 e inicios de 2000. Se enviaron muestras a laboratorios de Inglaterra y España que dieron afirmativo, pero fue hasta hace cinco años que proliferó por el incremento de insectos como consecuencia del cambio climático.

Con el descubrimiento de la enfermedad, las pérdidas fueron casi inmediatas, aseguró Juan Menéndez, quien hace 15 años perdió cinco manzanas con 600 árboles de jocotes de corona en Calzontes Arriba, de Santa Ana. Unos “20 o 30 años atrás, ¡wow, yo tenía jocoteras bonitas y buenas!”, recordó.

Esta enfermedad provoca que las puntas de las ramas tomen un color amarillo hasta que termina por secar el árbol. “Es como una muerte descendente”, indicó el experto del Centa. Durante este proceso, los jocotes nacen en racimos y se maduran de manera uniforme, luego se pudren.

Los productores tampoco pueden echar mano de los jocotes tiernos porque son “bien tetelques, si quieran sirvieran para boca de cantinas, los cortáramos”, bromeó Liborio al tiempo que lamentó la pérdida de una manzana hace dos años, debido a esta “crisis”.


Antes que esta enfermedad destruyera por completo las tres manzanas de jocotes en su finca San Pedro, en las faldas del Volcán de San Vicente, Elías Serrano comenzó a reproducir los árboles sanos.

La enfermedad ya le ocasionó estragos en sus cultivos, pese a que intentó seguir las recomendaciones de Sanidad Vegetal que “no me funcionaron”, aseguró. Donde antes sacaba hasta 80 canastas de jocotes por cada corta, este año solo obtuvo 10, dijo.

¿Hay cura?

Como la leucemia, este micoplasma es “incurable”, aseguró Mario Parada, técnico del Laboratorio de Parasitología Vegetal del Centa. “Nos dimos cuenta que teníamos que controlar esos vectores (las chicharras) para evitarla, porque si llega a una planta es prácticamente difícil de erradicar”, agregó.

Controlar las chicharras es una situación difícil si se considera que por el cambio climático incrementó la presencia de insectos, que se calcula superan el millón. Esto sin contar los ácaros que viajan en los vientos del Sahara y que pueden infectar plantaciones en El Salvador, desde África.

Por esta crisis, aseguró García, el Centa recomendó a los productores no distribuir material contaminado “pero lo hicieron” y así se propagó la enfermedad, que se localizó primero en Santa Ana, en Planes de La Laguna. Mientras la dirección de investigación desarrolla variedades resistentes, agregó, también se recomendó una “mezcla” para regular el crecimiento. Aunque no cura, alarga el ciclo de vida de la planta.