Triunfos y fracasos se suceden según una ley desconocida que tiene por nombre destino, nombre al que recurrimos cuando, filosóficamente desguarnecidos en nuestra estancia aquí abajo o no importa donde nos parece sin solución y como una maldición que debemos sufrir, irracional e inmerecida. El anterior párrafo es parte de un ensayo titulado “En el seno de la nada” del filósofo rumano Émile M. Cioran, el cuál se encuentra dentro de  su libro “Brevario de Podredumbre”..

Opinión

Emigración vulnerable

Ivette María Fuentes / Lic. en Ciencias Jurídicas

martes 20, abril 2021 • 12:00 am

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Triunfos y fracasos se suceden según una ley desconocida que tiene por nombre destino, nombre al que recurrimos cuando, filosóficamente desguarnecidos en nuestra estancia aquí abajo o no importa donde nos parece sin solución y como una maldición que debemos sufrir, irracional e inmerecida. El anterior párrafo es parte de un ensayo titulado “En el seno de la nada” del filósofo rumano Émile M. Cioran, el cuál se encuentra dentro de  su libro “Brevario de Podredumbre”..

Con un marco filosófico un tanto pesismista para algunos, la reflexión de Cioran no deja de sacudirnos el pensamiento; y es que en este mismo contexto podría explicar  los destinos atiborrados de infortunios y crueles desenlaces, como sucede en varios grupos humanos que conforman la sociedad. Siendo realidades que nos explotan en la cara al contemplar una y otra vez tantas vidas regidas por la falta de oportunidades en todos los sentidos. No resulta sencillo explicar con simpleza que entre mayor esfuerzo existirá mayor progreso.

Es el caso puntual del alto porcentaje de salvadoreños que salen del país a diario, buscando una oportunidad de sobrevivir, tratando de encontrar el camino que aquí estuvo lleno de tropiezos y que nunca los llevara a ninguna parte. En esa búsqueda, muchas veces, no solo encuentran sino que los encuentra agazapado el mismo infortunio, ese que no se quita el saco de pobreza, que estigmatiza a su paso dejando los fétidos olores de una inmigración forzada y que son repelidos en tierras lejanas de cualquier manera, violentando los derechos humanos, incluso hasta llegar a morir por tales circunstancias vulnerables. Tal es el caso reciente de Victoria Esperanza Salazar Arriaza, una salvadoreña que residía con respaldo de una visa humanitaria en Tulum, Quintana Roo, México y quien fuera asesinada en una situación de abuso policial, convirtiéndose en una víctima más de  esta realidad que como país padecemos.

En varios lugares alrededor del mundo, la mayor parte  las personas en situación de emigración forzada por las diferentes circunstancias, son personas que nadie quiere ver, puesto que reflejan la realidad de un país que ha equivocado sus políticas públicas y sociales, junto a la corrupción y oportunismo por bandera en todos los niveles. Quedando tipificados en la categoría del descarte, en esa conjunción ingrata.

Pero si bien Cioran nos hace reflexionar, también  sabemos que la voluntad humana y la esperanza tienen espacio en la resilencia, por lo mismo no podemos hundirnos en el pozo de la fatalidad y continuar sufriendo sin remedio. Lo ideal y justo es que cada ciudadano pueda encontrar aquí mismo las oportunidades necesarias para desarrollarse y concretar sus expectativas de vida . Que la emigración, siendo un derecho sea una alternativa u opción, pero no un camino forzado donde esta plagado de incertidumbre y vulneraciones.

Ante esta problemática nacional, el gobierno debe implementar concienzuda y humanamente las políticas públicas para evitar seguir siendo un país expulsor. Por si solo, el amplio poder político no es por serlo y detentarlo, también debe saberse utilizar y direccionar en favor de las mayorías y este es un buen momento que la historia propicia