Editorial

miércoles 25, julio 2018 • 12:00 am

El terrorismo de Estado empeora en Nicaragua

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El horror continúa reinando en Nicaragua por mucho que el dictador Daniel Ortega intenta hablar de una supuesta normalidad y culpar a otros de los desmanes de sus escuadrones de la muerte.

Al discurso contra los obispos católicos de la semana pasada, se han sumado una serie de profanaciones de iglesias, de la manera más grotesta y asquerosa para un pueblo profundamente religioso.

Pero no es solo el discurso y la vulgaridad lo que ha caracterizado a Ortega y sus secuaces en la última semana, sino que la matanza continúa en Managua, Jinotega y otras ciudades del interior de Nicaragua. Una joven brasileña figura entre las víctimas.

Mientras Ortega y su mujer, Rosario Murillo, a quien convirtió en vicepresidenta, se aferran al poder y se niegan a adelantar elecciones, el terrorismo de Estado continúa. La Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos denunciaba que hubo 758 secuestros de jóvenes en 24 horas, a manos de los paramilitares orteguistas que operan junto a la Policía Nacional. Son hechos indefendibles por alguien que tenga un poquito de moral y humanidad.

No hay Estado de Derecho en Nicaragua, solo la voluntad y el capricho de una pareja que pretende perpetuarse en el poder y pisotear las ansias de libertad y democracia de su pueblo.