Editorial

miércoles 14, julio 2021 • 12:00 am

El recuerdo de una guerra que jamás debe repetirse Lejos de conmemorar gestas bélicas, debemos reflexionar sobre la necesidad de que Centroamérica se una en busca de una prosperidad conjunta.

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Hace 52 años inició la llamada “Guerra de las 100 horas” entre El Salvador y Honduras. Un conflicto motivado por la defensa de miles de compatriotas que residían en territorio hondureño y habían sido desterrados y despojados de su bienes en una ola xenofóbica sin precedentes en Centroamérica.

La guerra duró 120 horas  y es llamada por El Salvador “Guerra de legítima defensa” porque la causa del conflicto fueron las violaciones de derechos humanos de salvadoreños que vivían en Honduras. El conflicto dejó más de 6,000 muertos civiles y unos 100,000 salvadoreños que vivían en el vecino país fueron desterrados. Y aunque El Salvador se llevó la mejor parte en cuanto al conflicto bélico en sí, luego el proceso legal terminó con una importante pérdida de territorio salvadoreño con una decisión de la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

A más de cinco décadas del conflicto, la relación con Honduras y los hondureños es fraterna, positiva, hay un intenso intercambio comercial, así como de personas y bienes. Y aunque hay diferencias que prevalecen como el de la Isla Conejo en el Golfo de Fonseca, ocupada por tropas hondureñas, la sola posibilidad de un nuevo conflicto es remota.

Esta fecha, lejos de conmemorar gestas militares, debería ser un momento para reflexionar sobre la integración regional. El conflicto de 1969 golpeó fuertemente el Mercado Común y abrió divisiones innecesarias que luego se profundizaron con las guerras civiles de los años 80. Por eso un conflicto bélico entre nuestras naciones nunca debería repetirse. Los gobiernos centroamericanos  debemos buscar caminos de progreso y prosperidad juntos para bien de nuestros pueblos que tienen lazos históricos indisolubles.