El 1 de junio de 2021 quedará marcado en la historia de El Salvador. Se entendía que el presidente Bukele haría un informe de sus 2 años de gestión al frente del Ejecutivo. Lejos de ello, la lectura de su discurso parecía más bien uno de campaña adelantada para el 2024, con la única diferencia que en él extendió el periodo de decadencia de la democracia salvadoreña de 30 a 200 años, con una clara alusión al bicentenario de la independencia, haciendo un llamado a la “emancipación”. Antes de terminar hizo que “sus diputados” le juraran que iban a defender las “conquistas”.

Opinión

El quinto paso

Roberto Rivera Ocampo / Consultor en desarrollo y políticas públicas @RobertoMOcampo

viernes 4, junio 2021 • 12:00 am

Compartir

El 1 de junio de 2021 quedará marcado en la historia de El Salvador. Se entendía que el presidente Bukele haría un informe de sus 2 años de gestión al frente del Ejecutivo. Lejos de ello, la lectura de su discurso parecía más bien uno de campaña adelantada para el 2024, con la única diferencia que en él extendió el periodo de decadencia de la democracia salvadoreña de 30 a 200 años, con una clara alusión al bicentenario de la independencia, haciendo un llamado a la “emancipación”. Antes de terminar hizo que “sus diputados” le juraran que iban a defender las “conquistas”.

De lo único que habló como sus grandes logros fue la reducción de homicidios, del manejo de la pandemia, la vacunación y del campeonato mundial de Surf. Sin embargo, lo poco o lo mucho que haya hecho queda empañado por la supuesta negociación con pandillas, el aumento alarmante de las desapariciones, la deuda exorbitante adquirida en tan solo 2 años, los indicios de corrupción de varios funcionarios de su gobierno, el uso de fondos públicos sin ningún control, y por supuesto la toma de forma ilegal de la Sala de lo Constitucional y de la Fiscalía el 1 de mayo.

En su discurso, el presidente se esforzó por encontrar enemigos (viejos y nuevos). Se refirió a ARENA y el FMLN como “los de la esquina”, y se ensañó contra las ONGs, los medios de comunicación que aún no controla, la “oligarquía” que aún no come de su mano, y en general a la oposición o todo aquello que represente “el aparato ideológico” que estuvo o está detrás del poder. Dijo que “este es un país libre y que pueden estar en contra del gobierno”, pero al mismo tiempo dijo “que nadie se interpondrá entre Dios y su pueblo”.

No me quiero dedicar a hacer una transcripción del discurso incendiario del presidente que nada tuvo de informe de gestión, quizá porque no tenía nada que mostrar sino mucho que ocultar. Sin embargo, hay algo que llama la atención sobremanera, y es esa alusión a la progresiva construcción del régimen con un poder total que se toma todas las instituciones. Ese proceso, según él, inicio el 3 de febrero de 2019, continúo el 28 de febrero de 2021 y el 1 de mayo se dio el tercer y cuarto paso con el nombramiento ilegal del fiscal y de los magistrados de la Sala.

Insistió varias veces que falta el “quinto paso” para consolidar su régimen. Por un momento pensé que lo anunciaría y me puse a pensar en lo que le falta por hacer. Pero pareciera que está preparando el camino. De aquí al 15 de septiembre pedirá la aprobación de toda la deuda posible con organismos multilaterales para tener los recursos suficientes que le permita comprar las voluntades que hagan falta, incluso de la poca oposición que queda en la Asamblea o en algunas municipalidades. Solo en un mes de la nueva legislatura ya suman más de $3,000 millones de nueva deuda.

Por otra parte, el acuerdo con el FMI exigirá la aprobación de un paquete de nuevos impuestos o aumento de algunos que ya existen como el IVA con el fin de aumentar los ingresos; pero también exigirá recortes en el gasto público, sobre todo de inversión social. Esa será la excusa perfecta para recortar personal en las instituciones de gobierno vinculado a los partidos de oposición y contratar a los suyos. Además, se espera que en las próximas elecciones de segundo grado impongan a magistrados del Tribunal Supremo Electoral, a procuradores General y de Derechos Humanos afines al régimen, con la respectiva contratación de personal del partido Nuevas Ideas.


El 15 de septiembre puede ser una fecha clave en el proyecto de “emancipación” del régimen de Bukele, fecha en la que probablemente anuncie una desdolarización, apruebe una nacionalización de las pensiones y consolide su relación con China, Rusia y Catar como una señal clara de rompimiento con Estados Unidos y el conjunto de países democráticos que han cooperado históricamente con El Salvador y de los que de alguna forma ha dependido. Con ello logrará tener todos los recursos, todas las instituciones y quitar todos los obstáculos que se interpongan en su proyecto político y religioso que tiene para el país.

¿Estaremos a tiempo de evitar el “quinto paso”?