El régimen de Bukele enfrenta la cruda realidad al presentar su iniciativa de Presupuesto General del Estado para el 2021. Una profunda debilidad y desarticulación del equipo económico, cuestionada idoneidad de los “nuevos” funcionarios que asumieron esta responsabilidad, grietas sociales y económicas causadas por la pandemia y la evidente incapacidad del régimen para gestionar y administrar los problemas del país, exponen el sombrío panorama nacional.

Opinión

El presupuesto es una radiografía de la incapacidad

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

jueves 8, octubre 2020 • 12:00 am

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El régimen de Bukele enfrenta la cruda realidad al presentar su iniciativa de Presupuesto General del Estado para el 2021. Una profunda debilidad y desarticulación del equipo económico, cuestionada idoneidad de los “nuevos” funcionarios que asumieron esta responsabilidad, grietas sociales y económicas causadas por la pandemia y la evidente incapacidad del régimen para gestionar y administrar los problemas del país, exponen el sombrío panorama nacional.

La crisis sanitaria tendrá severas repercusiones humanas y presupuestarias, agudizadas por: la desarticulación de la atención primaria, el abandono a la ruta de ampliación de la red hospitalaria, incluyendo la construcción del nuevo Hospital Rosales y el grave descuido a los pacientes crónicos. Mientras el Covid-19 causó la muerte de más de 800 personas en nueve meses, solo el cáncer ha matado a más de 5000 pacientes en el mismo periodo.

Esta crisis de salud se agudizó por la falta de estrategias y planes, y sobre todo por haber comprometido improvisadamente toda la red hospitalaria al COVID-19, sin tomar en cuenta la opinión de especialistas y de la comunidad médica, abandonando la red médica nacional para la atención de dolencias crónicas.

El presupuesto presentado el 30 de septiembre es la fiel radiografía del desconocimiento al estado calamitoso en el que se encuentran las instituciones después de la crisis sanitaria, impactadas por las erráticas e improvisadas decisiones. De esto da fe el gremio médico salvadoreño y se quejan los pacientes que adolecen insuficiencia renal, hipertensión, lupus, diabetes mellitus, que sumadas a otras dolencias sobrepasan el millón de afectados, cuya condición de salud hoy es más crítica por no haber separado centros de atención especializados. Esta indolencia causó muchos contagios y muertes por Covid-19 que se pudieron evitar y que hoy son lamentadas por cientos de salvadoreños que perdieron a sus seres queridos.

Mientras, otros países fueron muy exitosos con la estrategia de seleccionar y separar los  hospitales que atenderían exclusivamente COVID-19, reforzando las medidas de contención con el montaje de hospitales de campaña temporales para enfrentar de manera organizada, junto al gremio médico,  la crisis sanitaria. Así resguardaron la red hospitalaria de atención de pacientes con dolencias crónicas. Esa estrategia fue reforzada con una inteligente campaña de comunicación para informar y orientar a su población sobre las medidas de protección, desinfección y distanciamiento personal.

Más allá del debido examen técnico que amerita el Presupuesto General del Estado, conviene un riguroso estudio sustentado en las necesidades reales del país en el contexto de la reapertura, reconstrucción económica, y restablecimiento social. Al mismo tiempo es urgente tener cuentas claras sobre cómo el régimen administró multimillonarios recursos durante la emergencia;  así como investigar, esclarecer y sancionar las crecientes denuncias sobre corrupción.


La desfachatez del régimen (con desmedidos y desesperados esfuerzos) al atacar y debilitar a las instituciones que trabajan en contraloría y transparencia, son tácticas de una estrategia para evadir su rendición de cuentas y alcanzar el poder total que les garantice impunidad.

En el nuevo presupuesto el régimen insaciable de Bukele reclama un mayor y desmesurado endeudamiento, esta vez por 1027 millones de dólares; sin abrir debate, ni rendir informes sobre las finanzas públicas, sin esclarecer el gasto de miles de millones de dólares, sin el Plan de Gobierno exigido por la Constitución, sin dar a conocer sus compromisos con los organismos financieros internacionales en materia fiscal y sin exponer su estrategia para resolver la deuda país que rondará el 95% del PIB.

Además, una Ley de Responsabilidad Fiscal pulverizada por las arbitrariedades, una caída del 25% de las exportaciones, pérdida de más de sesenta mil empleos formales y un clima de confrontación permanente del régimen con el resto de poderes de Estado, capaz de extorsionar utilizando los salarios de empleados público; confrontando a gremios empresariales, medios de comunicación, oposición política y social, y ante un innegable deterioro de la imagen internacional del régimen por su conducta antidemocrática.

En este escenario y sin suficiente inversión, sin estrategia para proteger los derechos de nuestros migrantes que con mucho sacrificio aportan las remesas que reducen la brecha comercial y sostienen la dolarización de la economía ¿Cómo pretende este régimen conseguir una recaudación de ingresos tributarios en el próximo año fiscal de más de cinco mil millones de dólares? Más de lo mismo: mentiras.