El presidente Bukele suele dar su opinión sobre la calidad del periodismo y la forma en la que se debería ejercer este oficio, con un candor y un aplomo que ya quisiéramos quienes a duras penas manejamos las más elementales nociones del oficio, que ni siquiera nos atrevemos a considerarnos tales…sino que más bien meros aficionados de la palabra y súbditos del idioma, refugiados en nuestras columnas de opinión y -antes de la pandemia-, afincados en cualquier rincón de una sala de redacción, donde veíamos con admiración a las figuras de la sección nacional o de la internacional y ya no se diga a los editorialistas que, dueños de las ideas y de las convicciones, anticipaban o interpretaban el devenir nacional desde las primeras páginas en cada edición.

Opinión

El periodismo que al presidente le gusta…

Roberto Burgos Viale / Catedrático @burgosviale

lunes 10, mayo 2021 • 12:00 am

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El presidente Bukele suele dar su opinión sobre la calidad del periodismo y la forma en la que se debería ejercer este oficio, con un candor y un aplomo que ya quisiéramos quienes a duras penas manejamos las más elementales nociones del oficio, que ni siquiera nos atrevemos a considerarnos tales…sino que más bien meros aficionados de la palabra y súbditos del idioma, refugiados en nuestras columnas de opinión y -antes de la pandemia-, afincados en cualquier rincón de una sala de redacción, donde veíamos con admiración a las figuras de la sección nacional o de la internacional y ya no se diga a los editorialistas que, dueños de las ideas y de las convicciones, anticipaban o interpretaban el devenir nacional desde las primeras páginas en cada edición.

Pero a Bukele no le tiembla la mano ni la voz en materia de método periodístico, él dice lo que siente que tiene que decir y alecciona cual si de un verdadero editor o jefe de redacción se tratara, especialmente cada vez que la cobertura no es de su agrado, porque la verdad, tras dos años de gestión, es que periodismo no le gusta ninguno, y de periodistas mejor ni hablar: los motes, calificativos despectivos, apodos y hasta burlas con las que suele referirse a estos, ya forman parte del lenguaje de odio de la jauría que celebra cada una de sus ocurrencias, así como del discurso público de sus empleados, es decir, de los miembros del gabinete de gobierno y de las fuerzas de seguridad, que amparados por el aura de infalibilidad antes reservada solo al representante de Cristo en la tierra, se permiten la mayor cantidad de desplantes a los reporteros que intentan seguir sus pasos y sus actos oficiales.

Esta incomodidad oficial con el periodismo independiente, y con cualquier periodismo en el que se hagan preguntas, ya está teniendo consecuencias inmediatas, pues donde quiera que se ha usado un lenguaje de odio que alimenta la agresividad contra este gremio, suelen haber consecuencias palpables que convierten dicha labor en una tarea peligrosa, o cuando menos imposible.

Aquí algunos ejemplos: en lo que va del año y según lo detalló hace una semana la APES, se han producido 113 casos de violación a la libertad de prensa, la mayoría de estas por “Restricciones al ejercicio periodístico” (68 casos del total) siendo los principales responsables la Policía Nacional Civil (en 27 casos), organismos electorales (17 casos) y otros funcionarios públicos (14 casos) seguidos a continuación por simpatizantes de partidos políticos y luego por voceros de más instituciones públicas. Los datos hablan por sí solos y la tarea de informar, se vuelve cada vez más opaca y arriesgada.

Y es que a este ritmo, se va a superar dentro de un mes las violaciones cometidas durante todo el año anterior, no en vano organismos internacionales y regionales, además de países amigos dan ya la voz de alarma por el mal estado de las libertades fundamentales en nuestro país, siendo una de ellas la de prensa, la de libertad de expresión y de acceso a la información pública.

Con experiencia en la venta de motocicletas y en una agencia de publicidad, el presidente Bukele percibe su administración y a sí mismo como un producto, un buen producto o quizá hasta el mejor producto del mercado político, con una cuidada imagen que es parte de su valor (bruto) y cuya proyección debería ser reconocida por todos en forma positiva. De allí su incomprensión hacia el ejercicio periodístico, hacia las personas que lo ejercen y ante las preguntas incómodas que a veces le formulan, mas acostumbrado a pautar y pagar publicidad que a verse arrinconado por periodistas que cuentan con datos, con conocimiento de lo que pasa y con acceso a fuentes confidenciales que filtran la información que el mismo Bukele prefiere ocultar.


Este disgusto presidencial solo puede terminar con un saldo negativo para el gremio de periodistas, a los que se le premió en el Día Internacional de la Libertad de Prensa con mayores restricciones para la cobertura en el palacio legislativo, antes casa del pueblo, pero esto, tampoco es nuevo en dicho oficio, pues a lo largo de toda la posguerra administraciones de izquierda y derecha dejaron escuela sobre las formas más o menos sutiles de evadir a la prensa, y estas lecciones son ahora perfeccionadas por nuestro joven presidente, quien además, nos imparte lecciones de periodismo, del que si le gusta.