Editorial

martes 27, junio 2017 • 12:00 am

El papel de El Salvador en la Asamblea de OEA

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El diario español El País reveló el fin de semana, en una amplia crónica, cómo la diplomacia salvadoreña se encargó de torpedear una declaración de la Organización de los Estados Americanos (OEA) para exigir que el régimen venezolano liberara a los presos políticos, cesara la violencia y no celebrase la Asamblea Constituyente que busca quebrar definitivamente la institucionalidad del país.

La revelación da pena. El Gobierno de El Salvador claramente se volvió un cómplice consciente de las injusticias y abusos del régimen de Nicolás Maduro, como si la defensa de derechos y libertades tuviera ideología. El problema fundamental es que el gobierno salvadoreño actúa motivado por razones ideológicas y afinidades económicas. El régimen venezolano ha financiado sus campañas y es su socio y financista de las empresas del partido oficial.

Por eso el Gobierno de Salvador Sánchez Cerén apoyó un  texto timorato que insistía en un diálogo  que nació muerto y que en ningún caso exigía la liberación de los presos o hacía referencia alguna a la Constituyente.

La actitud del gobierno salvadoreño ya tiene consecuencias. El influyente senador Marco Rubio  ha advertido al respecto y seguramente veremos problemas en el futuro con la cooperación estadounidense al país.