Aceptemos de entrada que, la gente está cada vez más clara y consciente que los intereses de los partidos y sus cúpulas son los que orientan la actividad política en la Asamblea, lo cual se manifiesta, entre otras cosas, en el control de las instituciones del Estado, y en la percepción de la desinstitucionalización del país. Así pues, parece haber entre la población una percepción aguda que los índices de corrupción han aumentado sustancialmente, y que ésta parece “institucionalizada” en el congreso.

Opinión

El modelo político de la postguerra está por terminar

Aldo Álvarez/Abogado, directivo del CD

sábado 15, agosto 2020 • 12:00 am

Compartir

Aceptemos de entrada que, la gente está cada vez más clara y consciente que los intereses de los partidos y sus cúpulas son los que orientan la actividad política en la Asamblea, lo cual se manifiesta, entre otras cosas, en el control de las instituciones del Estado, y en la percepción de la desinstitucionalización del país. Así pues, parece haber entre la población una percepción aguda que los índices de corrupción han aumentado sustancialmente, y que ésta parece “institucionalizada” en el congreso.

La gente parece expresar un alto índice de rabia más que desánimo, frente a la solución de los grandes problemas que le aquejan, parece que han perdido la esperanza en que la actual clase política parlamentaria va efectivamente a resolverlos, han incluso perdido la fe en esta clase políticacorrupta, precisamente por el comportamiento que la misma ha tenido en todos estos años en la Asamblea, pues en vez de hacer lo pertinente para profundizar el modelo democrático y empoderar al ciudadano, han hecho lo contrario, se empoderaron los partidos y convirtieron a la “partidocracia” en el modelo de “democracia representativa” para el país.

Lo anterior por supuesto ha sido beneficioso para los intereses de las cúpulas de los partidos tradicionales de la guerra y la post-guerra, pues además de quedarse con el botín de la explotación de las arcas del Estado, también y cada uno a su manera, han servido para preservar los intereses e los grupos de poder económico en el país.

A lo anterior se suma el hecho de que el modelo “partidocrático” no pudo resolver los problemas estructurales de este país, y lejos de eso, éstos se agravaron -como en el caso de la seguridad pública y la distribución equitativa de la riqueza-. Así pues, de esta forma construyeron un modelo político adonde diseñaron un Estado que respondía a los intereses de las cúpulas partidarias, y/o de sus financistas, y no a los de las grandes mayorías, tal cual debe ser en un modelo verdaderamente democrático.

Por ello, tengo la íntima convicción que el modelo de Estado así diseñado y ejecutado de la post-guerra, se ha agotado completamente, pues ha probado ser ineficaz e incapaz de hacer lo que un modelo político en un sistema democrático debe hacer: crear las condiciones para que los grandes intereses, demandas y necesidades de las mayorías en la sociedad obtengan solución y respuesta de parte del Estado y del Derecho, a lo que corrientemente se le llama gobernabilidad.

Los gobiernos de Funes y de Sánchez Cerén, tuvieron un nivel de crisis de gobernabilidad, que aunque no llegaron a un nivel de ingobernabilidad total, estuvieron muy cerca, peligrosamente cerca. El Estado en esos gobiernos no fue completamente fallido, pero estuvo cerca de llegar a serlo, pues muy a pesar de lo que dijeron esos gobiernos, fallaronen varios niveles de satisfacción de demandas de los ciudadanos, siendo el caso más emblemático el de la seguridad pública, a tal punto que ambos gobiernos, cada cual a su manera, tuvieron la execrable política pública criminal de negociar con estructuras criminales, particularmente pandilleros.


Lo anterior creó un Estado que pudiéramos llamar como “disfuncional”, pues más o menos funcionaba en ciertos niveles y en otros no. Un Estado disfuncional además en un nivel de crisis profunda de gobernabilidad, con serios peligros de haberse convertido en un verdadero Estado fallido si llegaba a fallar al punto tal de la ingobernabilidad.

Debemos aceptar que el modelo político partidario así como funciona ha fallado, ya no da para más; por tanto, la primera gran reforma política debe ser la adopción de un nuevo modelo de partidos políticos, pero también de un nuevo modelo de Estado. No podemos aceptar que por la inadecuada y disfuncional actuación de la rancia partidocracia en el país, se ponga en peligro el modelo de partidos políticos, como los válidos, adecuados e indispensables intermediarios entre la sociedad y el Estado, y nos hayan encaminando a una especie de Estado fallido,me refiero a arena y al fmln -en minúsculas-, debido a la incapacidad de esa clase política de darle soluciones a lo que era realmente importante para las mayorías de la sociedad. Debemos aceptar que el actual modelo político adoptado a partir de los acuerdos de paz se agotó, que ya no da para más, y que su torcida consecuencia más grave fue la instauración de la “partidocracia”, que tanto daño le ha hecho al país, y que es hora que termine de una buena vez por todas. El 28 de Febrero de 2021 sin dudas terminará.