Editorial

miércoles 29, septiembre 2021 • 12:00 am

El gran desafío de los jueces sustitutos Los jueces nombrados deben demostrar su su rectitud, su independencia de cualquier forma de influencia política o económica.

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El recordado papa Juan Pablo II decía que “la verdadera paz es fruto de la justicia”, virtud moral y garantía legal que vela sobre el pleno respeto de derechos y deberes y sobre la distribución ecuánime de beneficios y cargas. En estos momentos que el Órgano Judicial está sacudido por tantos cambios, es necesario reflexionar profundamente sobre la justicia que queremos y necesitamos como nación.

Hay mucho cuestionamiento sobre la destitución de jueces de parte de gran parte de la sociedad salvadoreña que lo ve como una amenaza a la independencia judicial y una forma de control político. Hay otros que lo aplauden y recuerdan los señalamientos que ha tenido el Órgano Judicial sobre la corrupción y otros males.

La pregunta vital es ¿Cuál es el mandato de los jueces entrantes? La Biblia daba una definición muy profunda al término “juez”, designaba a una persona escogida por Dios, dotada de un particular carisma y temperamento. Además, la idea bí­blica de justicia o rectitud generalmente expresa conformidad con todas las áreas de la vida de Dios: ley, gobierno, Alianza, lealtad, integridad ética o acciones amables.

Ciertamente somos una sociedad laica pero venimos de una tradición cristiana arraigada en cada una de las acciones como sociedad. El desafío de los nuevos jueces es determinar que son personas honorables, rectas y justas, mejores que los que han sustituido, no instrumentos políticos de nadie. Su compromiso debe ser con la justicia, con la rectitud, con las leyes y con la moral.  Si actúan de otra forma, será lo mismo de siempre o de los mismos de siempre, como bien dice el lema político de moda.

La seguridad jurídica es vital para una sociedad, sin seguridad jurídica no hay inversiones ni empleos. Ese es otro de los desafíos del sistema judicial. El gran reto de los jueces sustitutos es que deben demostrar que los males que se criticó a sus antecesores no deben repetirse, no deben multiplicarse, y por el contrario, deben corregirse   para poder tener una sociedad más justa, más transparente y más ecuánime.