Dictaduras personalistas e institucionales abundaron en la América del siglo pasado. Mediante golpes de Estado tuvimos toda clase de tiranos. Hoy han surgido los “autogolpes”, que usan “sorpresa, conspiración de estrechos círculos, escasa duración relativa de las operaciones y reducción al mínimo de la intensidad en la confrontación armada” (Técnica del colpo de Stato/ Malaparte, Curzio).

Opinión

El golpe fallido

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 17, febrero 2020 • 12:00 am

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Dictaduras personalistas e institucionales abundaron en la América del siglo pasado. Mediante golpes de Estado tuvimos toda clase de tiranos. Hoy han surgido los “autogolpes”, que usan “sorpresa, conspiración de estrechos círculos, escasa duración relativa de las operaciones y reducción al mínimo de la intensidad en la confrontación armada” (Técnica del colpo de Stato/ Malaparte, Curzio).

El fallido golpe legislativo del 9 de febrero ha unido a las organizaciones de la sociedad civil, sector privado, organismos internacionales de cooperación técnica y financiera, Unión Europea, Congreso estadounidense, OEA, Embajada americana, y a la mismísima Universidad de El Salvador (UES) rechazando tan execrable acción “cuyos cerebros fueron el Ministro de la Defensa Nacional y su Viceministro, quienes asesoraron al Presidente para militar la Asamblea Legislativa” (https://vozdeladiasporanews.com/mandos-militares-recomendaron-a-bukele-tomarse-asamblea-legislativa-y-neutralizar-seguridad-de-diputados/.)

El periodista Jorge Ramos lo dice mejor en su cuenta de Twitter: “Es muy peligroso lo que está ocurriendo en El Salvador. Cada vez que se meten militares en asuntos civiles, las cosas acaban mal para la democracia. El camino es con las leyes, nada por la fuerza”.

Fue precisamente en la UES, donde el entonces candidato presidencial dijo a un grupo de jóvenes: “Por primera vez en la historia de El Salvador, tendrán un presidente marchando con ustedes a la Asamblea Legislativa. Una vez en la presidencia a quien nos van a mandar para detenernos. ¿A la UMO? ¿Al Ejército? No señores, ellos van a marchar con nosotros, porque todos ellos son comandados  por el Presidente de la República y Comandante General de la Fuerza Armada”

Lo anterior se intentó materializar la tarde del 9 de febrero, cuando Bukele militarizó la Asamblea Legislativa, colocó francotiradores en las azoteas de los edificios aledaños, usurpó la silla del presidente de ese Órgano de Estado, rezó para pedir orientación divina, se retiró sin siquiera mirar al asqueroso diputado que tenía sentado a su lado izquierdo y salió a gritarle a sus seguidores (no al pueblo, porque más del 50% de ciudadanos no se identifican, ni con su partido, ni con los demás) que su “dios” le había dicho “tené paciencia hasta el 28 de febrero del 2021 cuando vas a sacar a todos esos diputados sinvergüenzas”.

Es un episodio parecido a la alucinación que tuvo el tirano Maduro, cuando dijo haber escuchado la voz de su ídolo, por medio de un lindo e inocente pajarito.


La posición cómoda, tardía y pasiva del Fiscal General de la República, responsable de defender los intereses del Estrado y de la sociedad, que quizás no hubiésemos conocido si no lo hubiera entrevistado un medio televisivo,  dejó mucho que desear.

En una tarde el país retrocedió a los años donde la “manu militari” sobreabundó, obedeciendo ciegamente al poder oligárquico, para luego ser formalizados esos militares en el poder político mediante una sencilla fórmula: represión militar, fraude electoral e imposición política. A quienes no estuvieran de acuerdo se les aplicaba otra, mucho más práctica: encierro, entierro o destierro.

Gracias a la demanda de inconstitucionalidad presentada por los compatriotas Ruth Eleonora López y Luis Ramón Portillo, la Sala de lo Constitucional ordenó al presidente Bukele la tarde del lunes 10, abstenerse de hacer uso de la Fuerza Armada en actividades contrarias a los fines constitucionales, poner en riesgo la forma de gobierno republicano, democrático y representativo, el sistema político  pluralista y, de manera particular, la separación de poderes.

El obsesivo presidente insiste en que por más resoluciones que emitan, sabe que protegerán al sistema y está dispuesto a dar todo, incluso su cargo y vida, pues ambos son prestados.

La Asamblea debería analizar la posibilidad de aplicar el Artículo 131 numeral 20 de la Constitución, respecto al estado de salud mental de este presidente, como Ecuador hizo con Abdalá Bucarám.

Aprovecho la ocasión para agradecer a Diario El Mundo haberme permitido escribir más de 400 Artículos de Opinión, y a mis lectores, la paciencia de leerlos. ¡Nuevos proyectos vienen en camino!.