Cuando se reciben favores laborales dentro de la función pública, a cambio de obtener apoyos político-electorales estamos frente a la figura del clientelismo político. Junto al nepotismo, compadrazgo y amiguismo son perjudiciales.

Opinión

El Estado no debe ser visto como botín

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 19, noviembre 2018 • 12:00 am

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Cuando se reciben favores laborales dentro de la función pública, a cambio de obtener apoyos político-electorales estamos frente a la figura del clientelismo político. Junto al nepotismo, compadrazgo y amiguismo son perjudiciales.

Hay un hombre que se faja con su carretón de minutas en la ciudad de Santa Tecla, a pesar de ser médico general. Hay otro joven, también médico, que labora como empleado administrativo de un laboratorio. Otro, logró colocarse como enfermero, allí se mantiene porque no hay chance. Uno más sobrevive como ayudante de mecánico de obra de banco. Detrás del timón de cada carro limpito y bonito de Uber, encontramos jóvenes universitarios, graduados en diversas ramas que no encuentran empleo en su profesión.

Hay un común denominador: han aplicado por todos lados para ejercer su profesión, pero carecen de “contactos” o de la recomendación escrita de un político. Eso es común en lo público, como en lo privado. Unos se quedan en el país, pero cientos de profesionales más, optan por salir. Todo un desperdicio de talentos.

Al contrastar aquella realidad con el hecho de que entre enero del  2014 a junio de este año, servidores públicos del Estado han donado a los partidos políticos $2,558,753.15. uno se pregunta: ¿Cómo obtuvieron su  empleo? ¿Por qué donan esa plata? ¿Acaso están tan convencidos del ideario de esos partidos para regalarles tanto dinero? Si esto último fuera cierto ¿Por qué no se mira tal generosidad en los empleados privados? ¿O es una donación obligatoria, so pena de perder su trabajito?

Son miles y miles las plazas contratadas en las dos últimas gestiones presidenciales, incluyendo gente ya pensionada en el área de educación. Los partidos ven al Estado como botín para sus activistas de diferente nivel. El mérito y esfuerzos de profesionales de gente no afín a ninguno de ellos, como en los casos antes citados, es lo que menos interesa ante la visión patrimonialista del ejercicio del poder. En un plano superior, es lo mismo que históricamente entrampa las elecciones de funcionarios de segundo grado.

El estudio “Dinero, política y partidos. El financiamiento político en 2017”, recientemente difundido por la ONG “Acción Ciudadana”, en el año 2017 el 47% del financiamiento a los partidos provino de funcionarios y empleados públicos. Es, ciertamente, un gesto bondadoso de los burócratas, pero contradice la percepción de la mayoría de ciudadanos que consideran a los partidos políticos y a la Asamblea Legislativa como las instituciones más corruptas.


De ahí que el ofrecimiento de cientos de miles de empleos por la alianza de partidos ARENA-PCN-PDC-DS es “relativamente esperanzador”, porque la famosa “fábrica de empleos” prometida por el expresidente prófugo, resultó ser solo para familiares, amigos, militantes y simpatizantes de su partido.

De ahí que la promesa de 300 mil empleos de la alianza electoral mencionada, deberá provenir del  único sector que genera riqueza en el país, es decir, el sector privado. El Estado no debe ser concebido como el gran empleador de activistas de alto, mediano y bajo nivel operativo.

Es imperativo la adopción de políticas de empleo que corrijan ese clientelismo político-partidario que se da en la mayoría de entidades y organismos públicos. Es urgente un estudio de las plazas de trabajo gubernamental. Es necesaria una  evaluación del desempeño de todos los servidores públicos (funcionarios y empleados). Es importante actuar en colaboración con los otros dos órganos fundamentales de gobierno (Legislativo y Judicial) para que también hagan lo propio y se sumen a una “Política Nacional de Austeridad del Empleo Público” que privilegie mérito, idoneidad, capacidad y honestidad.

Siendo el sector privado quien tributa para sostener la burocracia estatal, debe asegurarse que en las instituciones públicas labore la gente que coadyuve al cumplimiento de sus misiones en pro del desarrollo nacional. El Estado ya no debe ser visto, ni como botín, ni como el gran empleador del que se aprovecha la partidocracia.